El mundo es un pañuelo

Ayer volví de mis vacaciones. Muuuuuuy buenas vacaciones. Unos días en Londres y unos días en Polonia (mayormente Cracovia). Tengo mucho que contar y unas cuantas fotos que colgar, pero antes quiero contaros algo que me pasó nada más llegar a Leeds.

Venía yo un poco cansado de tanto viaje y tanto tren y tanta leche cuando por fín llegué a la estación en Leeds. Me gustan los trenes, pero no estaba disfrutando del viaje esta vez. El libro que tenía para leer me está costando especialmente. Ya sabéis que no leo mucho y es solo desde hace poco que me estoy empezando a aficionar. Antes era de esas personas que no pueden leer un libro hasta que han acabado el que tienen a medias, pero ahora sencillamente tengo más libros empezados que nunca. Cambiar de uno a otro es como cambiar de canal viendo la tele. Pero el que tenía en el tren (para retomar mi historia) es especialmente espeso. Es El miedo a la Libertad de Erich Fromm y lo estoy leyendo gracias a Ixra que me lo prestó cuando estuve en su casa en Milton Keynes.

Le dije- oye Ixra, no tendrás tu por ahí algún libro chulo para dejarme, que estoy a punto de terminarme 1984.
A lo que el personaje contesta- claro hombre, mira te voy a dejar un libro estupendo de uno de los discípulos de Freud que habla sobre cómo el hombre elude inconscientemente su propia libertad, y tal.

Pensé que pintaba bien. Pero parece que Ixra no escuchó lo de chulo. Lo que en realidad había que entender de sus palabras es más o menos esto: ¿Qué si tengo algún libro para que te lleves para siempre y no lo vuelva a ver más? Pues claro que si hombre!!. Como si no tuviera suficiente con que vengas aquí a gorronearme, encima me quieres choricear un libro ¿no?, pues sí que lo tengo. Uno cojonundo. Te vas a cagar!! Te voy a largar el ladrillo más denso, largo e incomprensible que jamás halla llegado a mis manos.

Y así lo hizo. En el último momento tuvo piedad y me confesó que no había sido capaz de terminarlo. Aun así, lo cogí. Pensé- bueno, un libro gratis…

Tengo pensado terminarlo (por mis cojones) pero nada más empezarlo me di cuenta de que a pesar de ser muy interesante, resulta una lectura… mmm… pesada. Vamos, que es cogerlo y automaticamente te invade un sopor del 15. No es para menos, cogiendo un fragmento al azar, puede leerse algo como esto:

“También desde el punto de vista filogenético la historia del hombre puede caracterizarse como un proceso de creciente individuación y libertad. El hombre emerge del estado prehumano al dar los primeros pasos que deberán liberarlo de los instintos coercitivos.”

Que no digo yo que no sea cierto, pero vamos, que al amigo Erich Fromm lo que le hace falta es que alguien le regale una Play Station o algo. Porque esto no es sano.

Bueno, a lo que iba. Que mientras leía esta obra maestra, me estaba dando el sol (si amigos, el sol sale de vez en cuando en Inglaterra) por la ventana del tren y ese silencio que hay en los trenes ingleses donde la gente actua como si el resto de viajeros no existieran y es imposible empezar una conversación con la persona que tienes al lado. El resultado era que empezaba a dar ligeras cabezadas. Tampoco mucho, porque cada vez que empezaba a quedarme frito una preciosa niña rubia de un añito más o menos pegaba un inmenso chillido capaz de sobresaltar al mismísimo Satanás. Al minuto, vuelves a empezar a quedarte sopa y de repente zas!! otro chillido. La niña llevaba un control del tempo quirúrgico. Era empezar a quedarse sopa y la jodía parecía que lo notaba y pegaba un grito como diciendo- oye tu!! no te estarás durmiendo leyendo El Miedo a la Libertad?!?! no serás tan zoquete!!

Total que cuando llegué a Leeds estaba zombi total. Me bajo del tren y empiezo a ver cosas raras. El centro de Leeds y la estación entre las 5 y las 7 de la tarde está lleno de gente saliendo de las oficinas y todo el mundo viste igual. Los chicos traje oscuro, camisa blanca y corbata. Las chicas pantalon negro y parte de arriba negra, cuando no un traje de chaqueta negro. El caso es que estaba yo deambulando medio sopa entre la multitud, veo las ya típicas cuatro ratas jugando al poker en una esquina, dos rollizos y rosados cerdos vestidos de traje y corbata… cuando de repente veo un chino enorme, de unos dos metros. Lo primero que me vino a la cabeza fue lo que le viene a todo el mundo cuando ve un chino de dos metros. Me dije- joder qué chino más alto!!

Un instante después me empezó a resultar familiar. Esta estancia está aportándome mucho en lo personal y estoy aprendiendo a abrirme a cosas nuevas y a conocerme mejor y bla, bla, bla… Pero que a tomar por culo de tu casa te cruces con un chino de dos metros y te de la sensación de conocerle puede significar sólo dos cosas: o bien estás borracho (que también puede ser) o bien lo conoces realmente. Le di un par de vueltas más y enseguida caí. Lo conocía!! Lo había conocido en Cambridge cuando fuimos a jugar con el equipo de la URJC!!.

¿Lo veis?. Si hombre si, al lado de Edu, el número trece de los nuestros. Ahí está el chino tocho!!

Me acerqué a él y le pregunté si estudiaba en Cambridge. Se extraño muchísimo, abría los ojos como platos (bueno, hacía lo que podía) y me estrechaba la mano aunque todavía no sabía quién era yo. Le refresqué la memoria y se puso muy contento. Enseguida me hizo una de las preguntas más fáciles de responder que me han hecho nunca. Me dijo- ¿Tío (mate) cómo me has reconocido?. A lo que yo contesté- Eres chino y mides dos metros y punto pelota (point ball).

Diez minutos más tarde me estaba invitando a una pinta y presentándome gente. Resulta que está de prácticas en Leeds y se aloja en la misma residencia que yo.

El otro tipo de la foto no es Robert Jhonson, se llama Mo. Esa misma tarde fuimos los tres a jugar al baloncesto a lo más profundo del ghetto de Leeds, con un montón de negros raperos en unas canchas perdidas en un parque con rap a todo trapo y mucho buen rollo (tengo que contar lo del baloncesto aquí en Inglaterra en algún otro post, porque tiene tela).

Resulta que este año él es el capitán del equipo de Cambridge y ya estamos planeando un viaje para que ellos vengan esta vez a jugar contra nosotros y tal vez alguna otra universidad y que visiten Madrid y esas cosas. Qué cosas.

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