Monthly Archives: October 2007

Motos Varios Viajes

The Burren

He, ¿qué pasa?

Holaca

El sábado pasado estuve en The Burren.

The Burren (del gaélico boireann que viene a significar sitio con piedas) es un desolado paraje carstico que se extiende a lo ancho de 300 km² en el noreste del condado de Clare. Un poco más al norte de los Acantilados de Moher y al este de la bahía de Galway.

Vamos, para entendernos: es una inmensa meseta de terreno pedregoso, que va desde el mar hasta donde alcanza la vista, formando valles, lomas y cortados, todo esto pavimentado por roca caliza en su mayor parte.

Un campo de piedras… vaya.

¿Y para qué se va a un sitio así? Pues porque mola. Mola porque es raro, es inhóspito, es curioso, no se ve ni un alma y además está lejos, está lleno de vestigios de la edad de piedra (cómo si no), de la edad de acero también y porque hay que aprovechar, que ya me queda poco para volverme.

La ruta que seguí, que incluye tramos de carretera de grava (si, de grava), empieza en Lisdoonvarna. Pequeña ciudad famosa entre otras cosas por ser sede de un festival de emparejamiento de solteros que tiene lugar cada año durante el mes de Septiembre (todo el mes de Septiembre).

Se sale de Lisdoonvarna en dirección a Ballyvaughan, por la coast road R477. Preciosa carretera que atraviesa apenas algunos minúsculos pueblos pesqueros con mucho encanto y recorre la costa hacia el norte, con el mar a un lado y el imponente Burren al otro.

Algunos tramos resultan sencillamente impresionantes. Se circula por una estrecha carretera literalmente grabada en la roca, con magníficas vistas de la bahía de Galway a la izquierda yendo por la mismísima orilla del mar a lo largo del muro de piedra. Muy recomendable.

El lugar es famoso entre escaladores por sus innumerables oportunidades para la práctica de la escalada en roca. Pasados pocos kilómetros de Lisdoonvarna, es habitual que aficionados se reúna en puntos a lo largo del Blind Man’s Cliff, en la zona de Ailladie. Tuve suerte y ahí estaban, pude echarles una fotillo.

Una vez en Ballyvaughan, tomé la R480, que lleva de vuelta hacia el sur, pero esta vez un poco más por el interior, por el Burren propiamente dicho. Esta carretera, serpentea entre la vasta extensión de roca uniendo el camino entre los más importantes restos prehistóricos de la zona.

No se puede uno pasar el dolmen de Poulnabrone. Una tumba del neolítico que albergaba al menos 33 cuerpos. Reconstruido después de su colapso en 1985, su imagen se ha hecho famosa por dibujar el dolmen tipo.

El acceso al emplazamiento del dolmen está controlado y cuando yo llegué, ya habían cerrado. Solución: como en casi todas partes en Irlanda, para ver un monumento, saltas la valla.

Un kilómetro más al sur, otro de los más famosos restos de la zona. El fuerte de piedra de Caherconnel. Una fortificación que data de los tiempos de los celtas, alrededor de los 1000 a.d. A diferencia de los otros muchos fuertes de la zona, este está especialmente bien conservado.

Como ya ocurriera en mi visita al Grange Stone Circle, queda una vez más de manifiesto mi incapacidad para fotografiar por completo un recinto circular mientras estoy dentro.

No dejéis de admirar el número tres pintado en blanco en la foto, que prueba que los moradores prehistóricos de Irlanda conocían la numeración arábiga, mucho antes incluso que los propios árabes. Aunque bien es posible, que no supieran su significado.

Con el frío ya instalado en lo más profundo de mis huesos y amenazando lluvia, terminé mi visita con una pequeña parada en el castillo de Leamaneh. No es gran cosa, pero pillaba de camino y no, no he copiado la foto de la wikipedia, es que el artículo no tenía foto y he subido la mía.

Bueno, eso es todo más o menos de mi excursión del sábado pasado. Hoy no ha habido excursión, ha estado lloviendo todo el día y entre otras cosa, he aprovechado para terminarme Un Mundo Feliz.

Este fin de semana, es puente en Irlanda. El último lunes de Octubre es festivo con motivo de Halloween, aunque la fiesta cae en el próximo miércoles (31). Así que si mañana no está tan malo, igual hago alguna otra excursión… ya os iré contando.

Abrazaco!

Motos Opinion Varios Viajes

Conducir en Irlanda

Holaca,

Hoy os voy a hablar de lo que viene a ser conducir en Irlanda.

Tened en cuenta que mi experiencia viene de las dos ruedas, pero también he tenido tiempo de ir de pasajero unas cuantas veces en coche. Las últimas, un par de viajes a Tralee, en el condado de Kerry, para ir a jugar la liga local de baloncesto con los Limerick Lakers (ni más ni menos). Lo del baloncesto aquí tiene miga, pero bueno esa es otra historia…

Carreteras, conducir, Irlanda… ¡Vamospadentro!

Para los que no queráis leer el post entero, os lo resumo en una frase y ya podéis ir a procrastinar a otro sitio:

Conducir en Irlanda es como irse a la cama con una prostituta en Tijuana: rápido, sin normas y con sorpresa al final.

El primer concepto nuevo que te golpea en la cara cuando te bajas del ferry resulta evidente: aquí se conduce por la izquierda. ¿Cómo me apañaré? ¿Cuán difícil será? Sales del ferry, recorres unos pocos kilómetros y piensas —bueno, no es tan difícil.

Hasta que llegas a una rotonda.

La sensación de rarunez que se siente al tomar una rotonda en el sentido de las agujas del reloj por primera vez, es sólo comparable a la que se tiene cuando a los 9 años le tocas sin querer una teta a tu prima en la piscina: te queda la leve sensación de que has hecho algo malo y a partir de ese momento no sabes donde posar la mirada.

Aparte de eso, conducir por la izquierda, es lo de menos después de un par de días. Creedme, habrá aberraciones más importantes de las que estar al tanto.

Las carreteras en Irlanda, son diferentes y punto. Oficialmente tienen tres tipos: Nacionales (N), regionales (R) y Autopistas (M). Tres… ¡tienen tres autopistas! Una que va de Dublin a Belfast (M1) otra que lleva desde Dublín a en medio de la nada (M7) (o desde en medio de la nada a Dublín, según se mire) y una circunvalación alrededor de… sip… Dublín (M50).

El resto son nacionales y regionales, que es como decir que no se puede saber nada de ellas hasta que las recorres. Una carretera nacional puede tener un tramo con dos carriles para cada sentido aquí y detrás de esa loma convertirse en un tramo del rally de Cerdeña.

Según la guía Frommers de Irlanda (2007), Irlanda es el segundo país más peligroso para conducir en Europa. Tan solo superado en peligrosidad por… tachán… ¡¡Grecia!! Lo cual no me sorprende en absoluto desde que en las Cícladas, vi pasar por delante de mis narices a una pareja con tres niños… en una moto y sin casco (ninguno). Pero en la Grecia continental, la cosa no era mucho mejor. Según este estudio, en 1999 solo el 20% de los moteros atenienses llevaban casco. La mayoría confiesa que no lo lleva porque “le resulta incómodo” o “le da calor”.

Conducir en Grecia se resume con una memorable frase que le escuché a mi amigo Ixra (hablando de los semáforos):

“Para los griegos, el rojo es solo amarillo intenso.”

Bueno… que me disperso.

Volviendo al tema de las carreteras en Irlanda:

Son una infraestructura insuficiente.

El concepto de circunvalación no está muy extendido. Si haces un viaje largo entre dos ciudades, tendrás que pasar por delante de la pharmacy, la butchery, el pub y la gas station, de tooooodos los pueblos que haya entre medias.

Por esto mismo y porque la red vial es escasa, los atascos son monumentales en cualquier núcleo urbano mediano. A la hora de entrar a trabajar, atasco. A la hora de salir de trabajar, atasco. Los fines de semana, atasco. Pero no os lo imaginéis como la M-40 a las 8 de la mañana, cuatro carriles parados… no… aquí se atasca una calle que resulta ser la nacional X y que pasa por mitad del pueblo. Solo la salida de la gente de la universidad ya crea el caos aquí en Limerick.

Es una red vial rural.

Para que os hagáis una idea, la mayoría de las carreteras te llevarán o te sacarán de un pueblecito. Y es que Irlanda es un país… rural. Aquí todo el mundo es de pueblo y las carreteras también. No es para nada raro girar en una curva para encontrarse un rebaño de ovejas de reglamento en mitad de una carretera nacional. Esto… es lo natural. Si te pasa, pues te jodes y te esperas.

Las ovejas aquí llevan a veces un manchurrón de pintura morada o rosa en el lomo. No lo he contrastado, pero estoy seguro de que es para que los conductores las vean. Porque a menudo están sueltas sin control ninguno en los bordes de las carreteras.

Uno de los sustos más serios que me he llevado estando aquí, ha sido por pasar demasiado deprisa por una zona de cattle crossing (paso de ganado) que estaba en curva. No había ganado pasando, pero no me percaté de que en su trasiego, las deposiciones de las cabezas de vacuno habían creado una película en el pavimento de dudosa capacidad de agarre. Esta capa de mierda, hizo que patinara mi rueda trasera, con el consiguiente latigazo que aunque no va más allá, te hiela la sangre y hace que por un momento se te salga el corazón por la boca.

El mantenimiento es deficiente.

En mis recorridos he visto sobre todo mucha dejadez a la hora de recoger y limpiar las carreteras. Los restos de accidentes y golpes a menudo no son recogidos de inmediato si no están literalmente en medio de la carretera. Se pueden ver coches enteros panza arriba en la cuneta.

En las ciudades, pasa un poco lo mismo. Los bordes de las carreteras y travesías están sucios. Tienen latas, cartones, hojarasca… llevo una semana entera viendo unos calzoncillos en un cruce cada vez que paso de camino a la uni.

Las carreteras sucias son la causa de muchos pinchazos. Antes de venir, llevaba dos años y medio conduciendo motos en España y nunca había tenido un pinchazo. Desde que estoy aquí (no llega a dos meses) llevo tres. Uno me lo he arreglado. No tuve más remedio, porque era enorme y perdí en un rato todo el aire del neumático trasero. Los otros dos todavía no los he tocado. Les he dejado el clavo dentro para que tape el agujero y ya buscaré un momento para repararlos. ¿Veis el trozo de metal?

Los baches merecen mención aparte. No me imagino con una R por estos lares. Solo diré que me alegro de tener una Versys 😛

¿Cómo conducen los irlandeses?

Pues uno de cada seis, sin carné. En Irlanda puedes obtener una licencia provisional para conducir mientras no te sacas la definitiva. Tienes que tener al menos 17 años y mientras no tengas la licencia definitiva, alguien que si la tenga, tiene que acompañarte a todas partes y tienes que llevar una L. Esto en la práctica no se controla. La gente con estas licencias conduce sola, por supuesto.

Antes de que termine el periodo de validez de esta licencia provisional (un año) tienes que hacer el examen para obtener la licencia definitiva. Si suspendes, te darán otra licencia provisional (valedera por dos años) que te permite conducir sin acompañante, pero eso si, con la L.

Antes de que pasen los dos años, tienes que volver a hacer el examen. Si lo suspendes, te renuevan tu licencia provisional y así ad infinitum.

Mi compañera de casa Linda, fue solita en su Nissan Micra a hacer su tercer examen de conducir la semana pasada. Suspendió, se llevó un disgusto y ala… otra vez en su Micra a casa. Vas conduciendo, te hacen un examen, determinan que no eres capaz de conducir y te vuelves a casa conduciendo otra vez. Así de simple.

Entre la población conductora existen dos grupos claramente diferenciados. Están los que conducen con una exasperante parsimonia y los que conducen a la velocidad de la luz. Los primeros se apartan cuando alguno del segundo grupo les arrima el morro, para dejarle adelantar. Esto ocurre, donde sea, como sea y cuando sea. Los coches lentos, se tiran al monte si hace falta, para dejar pasar a un coche rápido que viene detrás. Este último, adelantará aunque venga de frente la mismísima santa compaña.

Donde fueres, haz lo que vieres, así que yo ya me he adaptado. Adelanto a todo lo que se mueve cuando me parece. Siempre dentro de un marco de coherencia, pero desde luego en situaciones en las que en España ni se me ocurriría. Claro que en España el coche que llevo delante no se tira al arcén para que yo pase…

El otro día vi uno de esos anuncios para concienciar a la gente de que no corra. Como los que tuvimos alguna que otra campaña en España, son muy duros, mostrando escenas dramáticas de accidentes y sus consecuencias. Este solo lo pasan después de las 9, echadle un ojo:

Por alguna extraña razón, no puedo evitar reírme cada vez que lo veo. Se que es triste y tal, pero es que lo de la pareja en el muro… ella viendo como él muere delante de sus narices… es demasiado. Es una vuelta de tuerca de más. Parece una película de George Romero. No me lo trago.

Eso si, todo de buen rollito. A excepción de aquellos que conocen las carreteras y a los que les gusta correr, el resto son más bien pachorrones. Aquí no se pita, aquí no se discute. Total ¿para qué? si a la vuelta de la siguiente curva te vas a tener que poner a 20 km/h porque hay un tractor, o un carro tirado por una mula… o lo que sea.

Pero mola un huevo.

Con todo esto, conducir en Irlanda no deja de ser una gozada. Los paisajes, los lugares y el verdor merecen la pena sin duda alguna. Además, conducir es la única manera de llegar a muchos lugares maravillosos.

El sábado pasado estuve en el Parque Nacional de Killarney. No fue una visita como tal, porque ni lo tenía previsto, ni salí con tiempo suficiente. Pero desde luego que tengo que volver porque es un sitio muy chulo. De hecho, me proporcionó uno de los mejores momentos de conducción desde que estoy aquí. Este tramo de carretera entre Killarney y Moll’s Gap:

Una carretera de montaña estrecha y con el firme hecho un asco, pero que serpentea entre lagos, arroyos y valles. Como anécdota, os diré que mientras me jugaba el pellejo bajando por esa endiablada ensalada de curvas me quedé ojiplático al ver una señal de “máximo 100” cuando ni el mismísimo Carlos Sainz hubiera sido capaz de ir a más de 60 en el tramo en el que estaba puesta.

Una iglesia:

Un puente:

Ladies View:

En realidad, esa carreterilla forma parte del Ring of Kerry. Una famosa ruta turística circular de 170 kms que recorre la península de Iveragh partiendo de Killarney. Es un destino muy demandado por turistas y hay rutas guiadas en autobús por el anillo. Eso si, la carretera es tan estrecha, que todos los autobuses viajan en el mismo sentido, el contrario a las agujas del reloj y a los coches se les sugiere que hagan lo contrario.

Bueno, no me voy a entretener más hoy. Ya os hablaré más despacio del Ring of Kerry, porque es seguro que voy a intentar volver con tiempo de hacérmelo enterito.

Nos vemos…

Abrazo Extremo!!

Varios Viajes

Cliffs of Moher

Holaca!

La semana pasada estuve unos días en Madrid para una reunión de proyecto. Estuvo bien ver a la familia y amigos. Además, me permitió solucionar un par de asuntillos domésticos y coger algo de ropa de invierno para continuar en mi periplo irlandés.

Pero el sábado anterior, hice una visita de ida y vuelta en el mismo día a los acantilados de Moher. Uno de los destinos turísticos estrella de Irlanda (cerca del millón de visitantes al año) y eso es lo que os voy a contar en esta entrada 🙂

(Va por ti Santi 😉

El viaje desde Limerick me llevó alrededor de hora y media. Hacía muy buen día y salí con bastante tiempo. Se llega a los acantilados unos 5 kilómetros pasado el pueblo de Liscannor. Una vez allí, llegas a un aparcamiento vigilado y al otro lado de la carretera se encuentra el centro de visitantes, de reciente construcción.

La entrada incluye el uso del aparcamiento y creo que si no llevas vehículo, es gratis. De todos modos, la única manera de llegar cómodamente a la entrada de los acantilados es en coche. Así que hay visitas guiadas en autobús desde diversos puntos de la zona. A mi me costó 2 euros (tarifa de moto) y creo recordar que un coche son 8 euros. Hay una exposición en el centro de visitantes que se paga aparte (4 euros) pero no la vi. Estuve demasiado ocupado caminando y haciendo fotos.

Los acantilados, se extienden a lo largo de unos 8 kilómetros, desde su punto más al sur en Hag’s Head, donde hay una torre en ruinas (torre de Moher) que al parecer pusieron ahí las tropas de Napoleón, hasta un poco más al norte de la torre de O’Brian, que fue construida por un altruista de la zona en 1835. En definitiva, lo que va de torre a torre 😛

La zona acotada a las visitas, que no debe ser más larga que unos 700 metros, se sitúa alrededor de la torre de O’Brian, la que está más al norte. Esta foto (típica) está tomada desde las inmediaciones del centro de visitantes, mirando al sur. Al fondo del todo, el último saliente que se ve, es Hag’s Head y si achináis los ojos podéis ver la torre de Moher.

El área visitable está claramente señalizada y vallada, pero casi todo el mundo salta cercas y desestima carteles para darse un paseo por el borde de los acantilados. Hay quién lo hace para suicidarse. No hay cifras públicas oficiales que yo haya podido encontrar, pero se habla de que cada año varios visitantes mueren al caer por los acantilados y de estos la mayoría son suicidios.

Yo tenía todo el día por delante y ganas de hacer ejercicio, así que caminé hasta Hag’s Head, donde está la torre sur. Ya os digo que según mi guía (y la wikipedia) eso eran unos 8 kilómetros (y otros tantos de vuelta) pero a mi no me parecieron tantos. Aunque puede ser, porque no suelo hacer senderismo ni nada que se le parezca y desde luego no estoy acostumbrado a calcular distancias. En cualquier caso, me tiré el día entero caminando… eso seguro 🙂

De camino, según me alejaba de ella, pude tomar estupendas fotos de la torre de O’Brian (norte)…

… y del tapiz por defecto del Windows XP™

Camino de Hag’s Head:

No estaba solo:

El camino pasa por propiedad privada, pero vamos… el dueño de la finca tendrá que resignarse, porque no le queda otra:

Y caminando, caminando…

… hasta Hag’s Head.

¿Y qué haces cuando llegas? Pues tiras unas pocas fotos y para el otro lado 🙂

De vuelta al centro de visitantes y a la torre de O’Brian.

Otra toma típica (en plan sombras chinescas), desde la torre de O’Brian mirando hacia el sur:

La ya famosa, en este post, torre de O’Brian:

Estaba cansadete ya, pero tras una parada técnica y un bocata, hacía un día tan bueno que me dije –¿Si ya me he saltado la valla para ir al sur… porqué no saltármela para ir más al norte?

Sea pues:

La luz del atardecer, sacaba unos colores muy chulos:

Pero pronto empezó a cubrirse el cielo:

De todos modos, era hora de irse. Había llegado a las 11 y estaban a punto de dar las 5. En cualquier caso, el tiempo había sido magnífico todo el día y de hecho, aguantó sin llover hasta que llegué a casa ya de noche.

¡Y hasta aquí puedo leer! El resto fue carretera y manta, nunca mejor dicho. ¿Qué más os puedo contar del día en que Teo hizo 234 fotos a la misma cosa y decidió que quería una reflex digital?

Abrazaco!