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Teletrabajo: Pros, contras y algunos consejos

Llevo prácticamente 4 meses trabajando desde casa para Igalia y creo que es suficiente para ir haciéndome una idea sobre el teletrabajo. Voy a escribir en este artículo mis primeras impresiones al respecto. Lo he dividido en: una introducción, una lista de pros, otra de contras y unos cuantos consejos desde mi humilde experiencia, para aquellos que se encuentren en situaciones parecidas.

Lo primero y a modo de disclaimer, aclarar que yo no soy un gurú de la organización personal, ni del teletrabajo ni de nada. Ni este artículo pretender ser demasiado riguroso. Sí es cierto que me interesa el tema de la productividad personal y he leído algunos libros al respecto y sigo algunos blogs. Pero en general, no sigo un método específico completamente y mi día a  día se organiza en base a una mezcla de consejos de diferentes fuentes y mi propia experiencia y sentido común. A veces me sale mejor y a veces me sale peor, pero voy tirando.

En los tiempos que corren y en determinados trabajos, puede dejar de ser estrictamente necesario que un trabajador acuda a una oficina, a un horario fijo y lleve a cabo sus tareas diarias desde un lugar determinado. Es evidente que si eres mecánico de motos en un taller, no puedes teletrabajar, o si te toca atender al público en un establecimiento. Pero si eres uno de esos pomposamente bautizados information/knowledge worker (vamos, si trabajas en una oficina y dependes fuertemente de Internet), seguramente habrá muy pocas cosas de tu trabajo que no puedas hacer desde tu casa.

En mi caso, mis principales tareas en Igalia se pueden hacer desde casa. Eso no quiere decir que se hagan mejor, más rápido o más cómodo (o sí), pero que poder, se pueden hacer, es algo que creo que tengo bastante claro ahora. Para resumir, diré que en Igalia me ocupo de las oportunidades de I+D, coordinación del máster en software libre y algunas tareas de comunicación, que incluyen escribir las noticias del portal corporativo. Este es a groso modo, mi día a día.

Para mi caso particular, hay que tener en cuenta también dos matices importantes. El primero es que en Igalia, debido a la cultura de la empresa y al background de la gente que la compone, el trabajo distribuido a través de Internet resulta muy natural. La mayoría de las personas que trabajan en Igalia tienen experiencia en colaborar a través de Internet, principalmente gracias a su implicación en proyectos de software libre. El segundo matiz es el hecho de que yo teletrabajo todos los días. No se trata de que mi empresa permita trabajar desde casa de vez en cuando, o algunas horas. En mi caso, Igalia tiene oficinas en Coruña y en Pontevedra y gente teletrabajando en Helsinki, Barcelona, Sevilla o San Francisco. Todos los igalos pueden teletrabajar si así lo prefieren, pero los que estamos lejos de las oficinas, estamos obligados  a ello.

Mi oficina doméstica 🙂

Como todo, esta situación tiene cosas buenas y cosas malas y como siempre en la vida lo importante es optimizar las ventajas y minimizar las desventajas con la menor perturbación posible. The Oatmeal lo sabe.

Pros

Atender tu casa, tu familia. Resulta importante que tu familia colabore. Que entiendan que cuando estás trabajando, estás trabajando y no deben interrumpirte. Que sepan que el hecho de que estés en casa no significa que estés disponible y que respeten tus horas de trabajo y de descanso. Todo esto es cierto. Pero también es verdad que trabajando desde casa es más fácil controlar todo lo doméstico y atender una familia si es el caso. En mi caso no tengo niños, pero vivo con más miembros de mi familia que a menudo necesitan que haga cosas por ellos. No tendría las mismas energías para ellos ni la misma disponibilidad si a mi jornada diaria hubiera que añadirle 3 horas de atasco.

Flexibilidad horaria. Trabajar desde casa implica la mayoría de las veces que lo harás en un horario muy flexible, cuando no totalmente libre. Esto es un arma de doble filo para mucha gente porque añade un elemento más a tu organización personal y una cosa más que tendrás que decidir por ti mismo. Pero aplicando un poco de sentido común, pronto se convierte en una ventaja clara. Sencillamente es más fácil optimizar el uso del tiempo cuando puedes elegir tus coordenadas espacio-temporales en lugar de que te sean impuestas por tu empresa. A nadie debería importarle que hayas escrito un informe entre las 12 de la noche y las 4 de la madrugada, mientras el trabajo esté hecho y esté bien hecho cuando corresponda. La única salvedad es cuando hacen falta comunicaciones en tiempo real con otra persona. Para una llamada de teléfono o para una reunión, evidentemente habrá que adaptarse a horarios habituales. El sentido común es el límite.

Ahorro de costes. En mi caso personal, no es que mi anterior trabajo me costara mucho dinero. Pero por regla general, desplazarse a una oficina regularmente genera algunos gastos insalvables que no son nada despreciables. Si vas en transporte público, hay que pagar el abono y si llevas tu propio coche, gasolina ¿Cuánta gente no se gasta 200 y 300 euros al mes en gasolina para ir a trabajar? Pasa un poco lo mismo con la comida. Si tienes que comer fuera de casa todos los días, hay que añadir un coste mensual de ¿cuánto? ¿200 euros?

La empresa también puede ahorrar algunos costes si no tiene a sus empleados siempre en las oficinas. Habrá infraestructuras que reciban menos desgaste y servicios que se utilicen menos. Aunque las empresas que se toman en serio el teletrabajo suelen asumir algunos de los costes profesionales que se generan el los domicilios de sus empleados. Por ejemplo, aunque todavía no he hecho uso extensivo de estas facilidades, Igalia paga el recibo del servicio de Internet a aquellos empleados que así lo soliciten, aparte de materiales de papelería, un ordenador portátil y mobiliario de oficina, como sillas, mesas… etc.

Ahorro teórico de tiempo. A priori trabajar en casa es un ahorro claro de tiempo también. Para empezar por lo más evidente, nos ahorramos el tiempo de ir a la oficina. En algunos lugares como Madrid, no es nada extraño que alguien pierda 2 o 3 horas de su día en ir y venir del trabajo de una forma u otra. A los que comen fuera y no quieren gastar demasiado dinero en restaurantes (no tienen ayudas de comida por parte de su empresa) o quieren controlar su dieta estrictamente por motivos de salud por ejemplo, no les queda más remedio que prepararse el famoso tupper y todo el que haya comido de tupper regularmente sabrá que prepararlo lleva un tiempo precioso. En teoría, preparase cada mañana para trabajar desde casa es prácticamente saltar de la cama y sentarse en el escritorio. Además, se pueden aprovechar los descansos del trabajo para ir preparando la comida, poner una lavadora… etc.

Digo en teoría y a priori, porque aunque suena bien, es muy complicado llegar a ese punto de control total en el que te levantas, te vistes, pones la comida a cocer, te sientas a currar y cuando descansas justo cuadra que terminan de cocer los huevos, nadie necesita hablar contigo por Skype cuando te sientas para comer y de la que sales a comprar el pan, eres capaz de llevar el coche a la ITV y contestar el correo por 3g mientras estás en la cola… Así te lo imaginas, pero no se da. Aunque sí hay un ahorro notable del tiempo en general.

Contras

Complica las comunicaciones con los compañeros. Existen multitud de tecnologías para comunicarnos que nos van a facilitar muchísimo la existencia. Para las comunicaciones asíncronas, está lo de siempre (email, wikis, etc.). Cuando se trabaja desde casa hay que prestar atención especial a las comunicaciones en tiempo real. Para eso está Skype, SIP/VoIP, el chat, el teléfono de toda la vida y la videoconferencia (más fácil que nunca desde que existe Google+). Pero por mucho que te esfuerces, no hay nada tan rápido, cómodo, claro y conciso como levantar la cabeza y hablar con alguien que está sentado al lado.  Ni la videoconferencia se acerca. Pero ni por asomo.

Sentimiento de soledad. Por mucho que tengas una lista de gente en una sala de chat, por mucho que hables con ellos de vez en cuando por voz y por muchas reuniones que tengas fuera de casa, no se puede obviar el hecho de que la mayor parte del tiempo estás solo. Muchas veces estás con gente y no estás interactuando con ellos. Pero no estás solo. Pues ni eso vas a tener cuando trabajes en casa. Estás tú solo.

Sentimiento de desorientación, falta de foco. Cuando tienes a tu alrededor un montón de gente tratando de sacar adelante algo, hablando continuamente de lo que hay que hacer y de lo que hace falta terminar, es fácil saber qué cosas son importantes y qué cosas necesitan tu atención. Si todo el mundo anda de cabeza porque hay una entrega de un proyecto importante y estás en la oficina, involucrarse y ponerse a ello resulta más natural. Desde casa sin embargo, puede ocurrir que no aprecies esas urgencias o no consigas discernir lo importante, lo urgente y lo que deberías estar haciendo en cada momento si no prestas atención. Esto puede generar desasosiego, falta de motivación o incluso proyectar una mala imagen a la gente que sí está en la oficina y sí está más al loro.

Falta de contacto humano, echar de menos el colegueo. Si eres como yo y como la mayoría de los seres humanos del mundo mundial y te gusta la gente y especialmente si eres abierto y bromista, al cabo del tiempo, acabarás disfrutando de tus compañeros de trabajo como de tus amigos. Eso es porque harás grandes amigos en el trabajo. Si trabajas desde casa, esto no es tan fácil. Las pocas veces que veas a tus compañeros de trabajo en persona, no cogerás sus chistes. No aparecerás en las anécdotas que cuenten y no tendrás confianza con ellos hasta pasado mucho más tiempo que en persona. Por mi parte, creo que esta es una de las cosas que más acuso de trabajar en casa y por lo que llevo visto en Igalia hay mucha gente esforzándose mucho porque eso no ocurra y es muy de agradecer 🙂

Mayor sentimiento de rutina. Trabajando en casa, hay más riesgo de que tu día a día se convierta en el día de la marmota. Es cierto que para muchos oficinistas, casi todos los días son iguales. Pero desde luego si trabajas en casa, las posibilidades de ver variar tu rutina son mínimas. Si vas a la oficina, puedes salir a comer a diferentes sitios, puedes hablar con diferentes personas, puedes variar el camino de vuelta y hacer diferentes recados o actividades rollo afterwork… con un poco de suerte hasta puede pasarte algo raro. Pero si te descuidas, trabajando en casa puedes conseguir que cada día sea exactamente igual que el anterior y eso no mola nada.

Consejos

Separar claramente espacios y espacios lógicos. Si vas a trabajar en casa y no quieres que tu vida personal, tu vida familiar y tu vida profesional se mezclen, más te vale tener lugares diferentes para que estas ocurran. Lo ideal sería que tuvieras un despacho totalmente funcional, que esté separado de tus lugares de ocio o de las habitaciones donde compartas tiempo con tu familia. En mi caso, mi antigua habitación ha sido reformada como un despacho y yo ahora duermo en otra habitación. Obviamente no todo el mundo tiene habitaciones de sobra en su casa para montarse un despacho.

Yo tampoco. Mi despacho es también el sitio donde me visto y donde guardo mi ropa, donde toco la guitarra, donde leo, donde escucho música y donde veo películas… Pero para todo esto, utilizo un ordenador diferente en una pantalla diferente. He dividido mi escritorio en dos mitades y cuándo no puedo establecer una separación física, al menos aplico una separación lógica y mental. En la mitad de la derecha solo curro, con el portátil de Igalia (gracias al programa OLPI, One Laptop Per Igalian). En la de la izquierda tengo mi sobremesa, con mi música, mis libros, papeles domésticos, temas familiares… etc.

Ducharse, vestirse y prepararse como si fueras a la calle. Aunque una de las primeras cosas que te dice la gente cuando cuentas que trabajas en casa es que se tiene que estar muy cómodo en pijama delante del ordenador, si hay alguna máxima ultra-aconsejable entre las reglas del teletrabajador, es sin duda esta. No hay nada más deprimente y demoledor que sentarse apestando y sin espabilar delante de la pantalla un día tras otro. Si quieres sentirte como un ser humano, has de comportarte como un ser humano. Estar aseado y vestido elimina la pereza, te deja listo para salir de casa si necesitas hacer una compra o un recado y si alguien viene a casa (el cartero, por ejemplo), estarás listo para recibirlo y darle la sensación de que ha encontrado a alguien trabajando en casa en lugar de un guarro maloliente escaqueándose del curro.

Mantener tu entorno ordenado. Yo era de los que tienen todo manga por hombro y aunque lo sigo siendo, desde hace un tiempo soy mucho más consciente de lo importante que es. No se trata de que encuentres las cosas rápido cuando las necesites. Yo suelo encontrar lo que necesito aunque mi habitación/escritorio parezca un bazar marroquí. La ventaja principal de trabajar en un escritorio ordenado es la ausencia de estrés y distracciones. Cada papel que tienes delante que no tiene que ver con lo que estás haciendo: facturas, cartas del banco, libros a medio leer; se convierte en una distracción potencial. Un pequeño recordatorio de otra cosa que también deberías o podrías estar haciendo y así no se puede concentrar uno. Personalmente mantener mi entorno ordenado es una de las cosas que más me cuesta hacer, pero también una de las que más ventajas me reporta cuando lo consigo.

Cumplir un horario, y asegurarse el ocio también. Ya sé que he hablado antes de lo bueno que es tener horario flexible. Pero creo que lo bueno es tener la posibilidad de flexibilizar tu horario, no convertir tu calendario en un queso gruyer. Saber que puedes afrontar imprevistos o romper la rutina haciendo algún recado no es lo mismo que salpicarse el día entero de horas de trabajo. Dedicar una buena porción del día en exclusiva al trabajo ayuda a la concentración y a la productividad al no tener que estar cambiando de contexto continuamente. Al mismo tiempo, deberías establecer también pedazos del día (al final o cuando corresponda según tus costumbres) en los que el ocio esté garantizado. Eso te ayuda a cortar con el trabajo a tiempo de no volverte loco, evitando que pequeños retoques y ajustes te llenen poco a poco la jornada hasta que te encuentras que es la hora de cenar y no has levantado la cabeza de la pantalla. Además, si ya has establecido citas con cosas que no son el trabajo, eso puede darte ánimos para trabajar porque sabes que no es algo indefinido, sino que si por la tarde ya has quedado para correr y dar una vuelta con un amigo, te afanarás para quitarte de en medio las tareas por la mañana.

Salir todos los días de casa. Esta es una regla básica, clara y junto con la de asearse y vestirse, creo que es crucial también (al menos para mi). De verdad, que quede muy claro: hay que salir todos los días de casa. No importa si son las 23.00 y estás sin duchar y hace frío. No dejes que pase el día sin salir de casa. Aunque sea 5 minutos, aunque sea al lado de casa. Sal a dar un paseo, crúzate con otros seres humanos, date cuenta de que el mundo funcionaría igual si tú no entregaras ese informe.

Hacer ejercicio regularmente. Aunque pueda parecer que no es así, el ajetreo de una vida yendo al trabajo quema muchas calorías. Ir, venir, andar, subir, entrar, salir… todo eso es ejercicio y aunque pueda resultar poco intenso, produce un desgaste de energías que trabajando desde casa se van a ir acumulando. Se acumulan alrededor de la zona del flotador, mayoritariamente. Hacer ejercicio regularmente es muy bueno para liberar estrés, aclarar pensamientos y para sentirse mucho mejor con uno mismo. El estrés es una reacción milenaria del cuerpo ante los problemas que nos prepara para luchar o para salir corriendo. Nada mejor para disiparlo que precisamente eso, salir a correr (o lo que te guste hacer). Además mientras estás haciendo ejercicio generalmente cambias de estado de pensamiento hacia otro un poco más automático, más inconsciente, que puede resultar bueno para calmar un poco las mentes en ebullición. Al mismo tiempo, cuando completamos una gesta deportiva o nos esforzamos y conseguimos un buen registro personal nos sentimos mejor con nosotros mismos y aumenta nuestra autoestima.

Hacerte responsable de tu propia integración e información. Hay que ser consciente de que la gente que está en una oficina no está todo el tiempo pensando en qué haces tú, qué necesitas o cómo estás. Has de ser activo comunicando tus necesidades, iniciando tú los contactos con la gente con la que necesites interactuar y ser explícito y claro sobre cómo te va y qué tal estás de ánimos. Si nadie sabe que te está costando encontrar información sobre un antiguo proyecto en la intranet, nadie te va a decir dónde está. Si necesitas ayuda o no llegas a todas tus tareas, tienes que comentarlo también. En una oficina en la que el presente y lo presente rodea a la gente, una vez que digas que vas a hacer algo puede que se olviden de ti hasta que vuelvas con ese algo terminado. El que calla otorga y mucho más si no te tienen delante de las narices. Si no dices que te va mal, no lo van a adivinar.

Buscar contactos uno a uno en la empresa. Siempre que no sea una obstrucción o aumente claramente la ineficiencia, yo procuro establecer contactos directos con personas cuando necesito algo. A veces poner un mensaje en una lista de correo buscando ayuda puede hacerte sentir como un naufrago que envía un mensaje en una botella, cuando en realidad en la oficina están pegándose por ver quién te echa un cable. Si en cambio buscas a una persona en concreto que crees que puede ayudarte, la respuesta es más personal e inmediata. Hay que tener la precaución de no ser demasiado pesado y no interrumpir continuamente, pero hay que hablar con la gente.

Mejor voz que chat, mejor chat que correo. Me gusta el correo porque es asíncrono y no requiere inmediatez. Te permite planificar cuándo vas a contestarlo y te permite explicarte con tranquilidad, consultar la web para responder y además queda constancia para futuras referencias. Pero si estás obcecado con algo, confuso o necesitas respuesta rápida, está claro que necesitas chat. Por otro lado, en cuanto detecto que una conversación de chat puede volverse larga y farragosa, sugiero una llamada por Skype o teléfono. El nivel de interrupción y exclusividad de atención requerido por el medio crece en esa dirección correo->chat->voz, pero a veces necesitas la atención de tu interlocutor en esos términos también, para poder hacer tu trabajo mejor y más rápido.

Salir a comer, reunirse, buscar trabajar desde otro lugares. Hay cosas que también son trabajo y no tienen por qué ocurrir (o no pueden ocurrir) en tu casa. Si hay que hablar con un socio, puedes ofrecerte a pasar por su oficina. Si hay que tener una reunión con un compañero, puedes quedar para comer con él y hablar durante el café. Son oportunidades de trabajar y cumplir, al mismo tiempo que te da el aire y cambias de rutina. Si estas oportunidades no surgen, se pueden crear buscando un lugar donde trabajar en el que haya más gente para que puedas sentirte parte de una especie y para salir un poco a oxigenarte. En estos momentos estoy intentando encontrar lugares para teletrabajar tranquilamente en mis alrededores. La biblioteca de Villaviciosa de Odón, no me sirve porque inexplicablemente solo te dejan utilizar la wifi durante una hora al día o_O! y todavía no tengo controlados cafés cercanos con wifi, pero cuando quiero trabajar en otro ambiente voy a la Universidad Rey Juan Carlos, donde conservo grandes amigos y siempre hay una mesa libre para mi en el grupo GSyC/LibreSoft.

El consejo más importante: no cebarse. Saber cerrar y desconectar. Si te empiezan a arder las pestañas de mirar la pantalla, si te sientes mal, deprimido o triste, lo mejor es salir corriendo y saltar a la piscina. Recordar que eres un privilegiado y celebrar tu suerte con tus amigos 🙂

 

 

Algunos artículos interesantes al respecto de todo esto:

http://www.ezau.com/latest/articles/0146.shtml

http://oneorganizedlife.wordpress.com/2008/08/20/work-at-home-productivity/

http://zenhabits.net/top-30-tips-for-staying-productive-and-sane-while-working-from-home/

http://www.homeofficewarrior.com/tips-for-working-at-home/top-tips-for-working-at-home/

http://www.careerealism.com/14-tips-working-home/

http://www.lifehack.org/articles/lifehack/six-effective-tips-to-work-from-home.html

Motos Varios

El Viento en Moto: experiencias y consejos

Yo pensaba que el Mistral (primo del Cierzo) en el sur de Francia me había servido para curtirme en eso de montar en moto con viento… ¡Hasta que llegué a la Patagonia! Donde lo del viento cobra sin duda otra dimensión.


Patagonian Wind, originally uploaded by Teosaurio.

En algunas de las carreteras del sur de Chile y Argentina, los moteros sencillamente viven inclinados. En la hostería de Cerro Sombrero, cerca del Estrecho de Magallanes, en la Tierra del Fuego chilena, Jaime, mecánico de Motoaventura me contaba como había visto caer un grupo entero de 11 motos una detrás de la otra, en parado (ktm 990 adventure y bmw r1200gs y f800gs). Sin poder hacer nada.

Más tarde en el paso de Las Llaves, bordeando el Lago General Carrera, en la Carretera Austral, pude experimentar rachas tan fuertes que no dejaban avanzar la moto por el tortuoso camino de grava. Lo pasé realmente mal en un momento dado en que me quedé parado sujetando la moto sin poder avanzar y sin poder bajarme. Tan solo subido en la moto, sujetándola e intentando no irme al suelo mientras pasaba la ráfaga.

Allí los árboles crecen derramados en la dirección del viento:

Wind Grown Trees
Patagonian Wind, originally uploaded by Teosaurio.

Así que desde mi humilde experiencia, aquí van algunos consejos para montar en moto con viento:

  • No la vendas. Sí, la moto es especialmente sensible al viento. Sí, es una gaita. Pero ¡claro! ¡Es una moto! No creo que pensaras en venderla el primer día que lloviera 😉
  • Hay que coger confianza. Sentir como normales los vaivenes y no tener miedo. Es cierto que puedes perder “un poco” de control, pero verás que la experiencia y los kilómetros te darán confianza para que esa sensación no sea tan intimidante. Confía en ti y en la moto. Que no vas a salir volando.
  • Hay que distinguir entre el viento racheado y el viento constante. El primero es mucho más peligroso incluso si es menos intenso. Asusta, obliga a corregir súbitamente y puede hacer que bajes la guardia entre racha y racha. Así que hay que mantenerse alerta. El viento constante es más manejable si su velocidad entra dentro de lo razonable. Se puede corregir la posición en la moto (sobre todo en largas rectas) y sencillamente ir inclinado.
  • Más tracción, menos velocidad. Evidentemente hay que reducir la velocidad, como ante cualquier situación anormal o de peligro. Pero casi más importante que no correr es circular más alto de vueltas. Con más tracción y capacidad de reacción. Hay que llevar la moto viva, para no quedar a merced del viento. Cortar gas es probablemente lo peor que puedes hacer cuando te topas con una racha de viento fuerte. Llevar el motor despierto te da un arma más para corregir la moto.
  • Vigilar al pasar por puentes y túneles y al entrar en gargantas y valles. Los cambios súbitos de orografía a nuestro alrededor pueden de repente darnos abrigo del viento o quitárnoslo. Tan peligroso puede ser sentir un viento fuerte de repente, como dejar de sentirlo súbitamente. Hay que prever estas sacudidas y estar preparado.
  • Vigilar mucho al adelantar o cruzarse otros vehículos, especialmente camiones. Al adelantar o cruzarnos con otros vehículos hemos de dar por sentado que van a causar una turbulencia. Al cruzarse con un camión de frente, habrá que unir al viento, la turbulencia que habitualmente provocan. Al pasar un camión, dependiendo de donde venga el viento, podemos sufrir un fuerte efecto de succión al terminar de pasarlo o dificultades para volver al carril.
  • Otras consideraciones. Hay que tener en cuenta que equipajes, carenados y acompañantes, hacen efecto vela y potencian el efecto del viento. Llevar una posición más recogida en la moto, dejar más espacio con otros vehículos… en definitiva, estar más alerta.

HTH.

Suerte y gasolina!

Motos Opinion Varios Viajes

Conducir en Irlanda

Holaca,

Hoy os voy a hablar de lo que viene a ser conducir en Irlanda.

Tened en cuenta que mi experiencia viene de las dos ruedas, pero también he tenido tiempo de ir de pasajero unas cuantas veces en coche. Las últimas, un par de viajes a Tralee, en el condado de Kerry, para ir a jugar la liga local de baloncesto con los Limerick Lakers (ni más ni menos). Lo del baloncesto aquí tiene miga, pero bueno esa es otra historia…

Carreteras, conducir, Irlanda… ¡Vamospadentro!

Para los que no queráis leer el post entero, os lo resumo en una frase y ya podéis ir a procrastinar a otro sitio:

Conducir en Irlanda es como irse a la cama con una prostituta en Tijuana: rápido, sin normas y con sorpresa al final.

El primer concepto nuevo que te golpea en la cara cuando te bajas del ferry resulta evidente: aquí se conduce por la izquierda. ¿Cómo me apañaré? ¿Cuán difícil será? Sales del ferry, recorres unos pocos kilómetros y piensas —bueno, no es tan difícil.

Hasta que llegas a una rotonda.

La sensación de rarunez que se siente al tomar una rotonda en el sentido de las agujas del reloj por primera vez, es sólo comparable a la que se tiene cuando a los 9 años le tocas sin querer una teta a tu prima en la piscina: te queda la leve sensación de que has hecho algo malo y a partir de ese momento no sabes donde posar la mirada.

Aparte de eso, conducir por la izquierda, es lo de menos después de un par de días. Creedme, habrá aberraciones más importantes de las que estar al tanto.

Las carreteras en Irlanda, son diferentes y punto. Oficialmente tienen tres tipos: Nacionales (N), regionales (R) y Autopistas (M). Tres… ¡tienen tres autopistas! Una que va de Dublin a Belfast (M1) otra que lleva desde Dublín a en medio de la nada (M7) (o desde en medio de la nada a Dublín, según se mire) y una circunvalación alrededor de… sip… Dublín (M50).

El resto son nacionales y regionales, que es como decir que no se puede saber nada de ellas hasta que las recorres. Una carretera nacional puede tener un tramo con dos carriles para cada sentido aquí y detrás de esa loma convertirse en un tramo del rally de Cerdeña.

Según la guía Frommers de Irlanda (2007), Irlanda es el segundo país más peligroso para conducir en Europa. Tan solo superado en peligrosidad por… tachán… ¡¡Grecia!! Lo cual no me sorprende en absoluto desde que en las Cícladas, vi pasar por delante de mis narices a una pareja con tres niños… en una moto y sin casco (ninguno). Pero en la Grecia continental, la cosa no era mucho mejor. Según este estudio, en 1999 solo el 20% de los moteros atenienses llevaban casco. La mayoría confiesa que no lo lleva porque “le resulta incómodo” o “le da calor”.

Conducir en Grecia se resume con una memorable frase que le escuché a mi amigo Ixra (hablando de los semáforos):

“Para los griegos, el rojo es solo amarillo intenso.”

Bueno… que me disperso.

Volviendo al tema de las carreteras en Irlanda:

Son una infraestructura insuficiente.

El concepto de circunvalación no está muy extendido. Si haces un viaje largo entre dos ciudades, tendrás que pasar por delante de la pharmacy, la butchery, el pub y la gas station, de tooooodos los pueblos que haya entre medias.

Por esto mismo y porque la red vial es escasa, los atascos son monumentales en cualquier núcleo urbano mediano. A la hora de entrar a trabajar, atasco. A la hora de salir de trabajar, atasco. Los fines de semana, atasco. Pero no os lo imaginéis como la M-40 a las 8 de la mañana, cuatro carriles parados… no… aquí se atasca una calle que resulta ser la nacional X y que pasa por mitad del pueblo. Solo la salida de la gente de la universidad ya crea el caos aquí en Limerick.

Es una red vial rural.

Para que os hagáis una idea, la mayoría de las carreteras te llevarán o te sacarán de un pueblecito. Y es que Irlanda es un país… rural. Aquí todo el mundo es de pueblo y las carreteras también. No es para nada raro girar en una curva para encontrarse un rebaño de ovejas de reglamento en mitad de una carretera nacional. Esto… es lo natural. Si te pasa, pues te jodes y te esperas.

Las ovejas aquí llevan a veces un manchurrón de pintura morada o rosa en el lomo. No lo he contrastado, pero estoy seguro de que es para que los conductores las vean. Porque a menudo están sueltas sin control ninguno en los bordes de las carreteras.

Uno de los sustos más serios que me he llevado estando aquí, ha sido por pasar demasiado deprisa por una zona de cattle crossing (paso de ganado) que estaba en curva. No había ganado pasando, pero no me percaté de que en su trasiego, las deposiciones de las cabezas de vacuno habían creado una película en el pavimento de dudosa capacidad de agarre. Esta capa de mierda, hizo que patinara mi rueda trasera, con el consiguiente latigazo que aunque no va más allá, te hiela la sangre y hace que por un momento se te salga el corazón por la boca.

El mantenimiento es deficiente.

En mis recorridos he visto sobre todo mucha dejadez a la hora de recoger y limpiar las carreteras. Los restos de accidentes y golpes a menudo no son recogidos de inmediato si no están literalmente en medio de la carretera. Se pueden ver coches enteros panza arriba en la cuneta.

En las ciudades, pasa un poco lo mismo. Los bordes de las carreteras y travesías están sucios. Tienen latas, cartones, hojarasca… llevo una semana entera viendo unos calzoncillos en un cruce cada vez que paso de camino a la uni.

Las carreteras sucias son la causa de muchos pinchazos. Antes de venir, llevaba dos años y medio conduciendo motos en España y nunca había tenido un pinchazo. Desde que estoy aquí (no llega a dos meses) llevo tres. Uno me lo he arreglado. No tuve más remedio, porque era enorme y perdí en un rato todo el aire del neumático trasero. Los otros dos todavía no los he tocado. Les he dejado el clavo dentro para que tape el agujero y ya buscaré un momento para repararlos. ¿Veis el trozo de metal?

Los baches merecen mención aparte. No me imagino con una R por estos lares. Solo diré que me alegro de tener una Versys 😛

¿Cómo conducen los irlandeses?

Pues uno de cada seis, sin carné. En Irlanda puedes obtener una licencia provisional para conducir mientras no te sacas la definitiva. Tienes que tener al menos 17 años y mientras no tengas la licencia definitiva, alguien que si la tenga, tiene que acompañarte a todas partes y tienes que llevar una L. Esto en la práctica no se controla. La gente con estas licencias conduce sola, por supuesto.

Antes de que termine el periodo de validez de esta licencia provisional (un año) tienes que hacer el examen para obtener la licencia definitiva. Si suspendes, te darán otra licencia provisional (valedera por dos años) que te permite conducir sin acompañante, pero eso si, con la L.

Antes de que pasen los dos años, tienes que volver a hacer el examen. Si lo suspendes, te renuevan tu licencia provisional y así ad infinitum.

Mi compañera de casa Linda, fue solita en su Nissan Micra a hacer su tercer examen de conducir la semana pasada. Suspendió, se llevó un disgusto y ala… otra vez en su Micra a casa. Vas conduciendo, te hacen un examen, determinan que no eres capaz de conducir y te vuelves a casa conduciendo otra vez. Así de simple.

Entre la población conductora existen dos grupos claramente diferenciados. Están los que conducen con una exasperante parsimonia y los que conducen a la velocidad de la luz. Los primeros se apartan cuando alguno del segundo grupo les arrima el morro, para dejarle adelantar. Esto ocurre, donde sea, como sea y cuando sea. Los coches lentos, se tiran al monte si hace falta, para dejar pasar a un coche rápido que viene detrás. Este último, adelantará aunque venga de frente la mismísima santa compaña.

Donde fueres, haz lo que vieres, así que yo ya me he adaptado. Adelanto a todo lo que se mueve cuando me parece. Siempre dentro de un marco de coherencia, pero desde luego en situaciones en las que en España ni se me ocurriría. Claro que en España el coche que llevo delante no se tira al arcén para que yo pase…

El otro día vi uno de esos anuncios para concienciar a la gente de que no corra. Como los que tuvimos alguna que otra campaña en España, son muy duros, mostrando escenas dramáticas de accidentes y sus consecuencias. Este solo lo pasan después de las 9, echadle un ojo:

Por alguna extraña razón, no puedo evitar reírme cada vez que lo veo. Se que es triste y tal, pero es que lo de la pareja en el muro… ella viendo como él muere delante de sus narices… es demasiado. Es una vuelta de tuerca de más. Parece una película de George Romero. No me lo trago.

Eso si, todo de buen rollito. A excepción de aquellos que conocen las carreteras y a los que les gusta correr, el resto son más bien pachorrones. Aquí no se pita, aquí no se discute. Total ¿para qué? si a la vuelta de la siguiente curva te vas a tener que poner a 20 km/h porque hay un tractor, o un carro tirado por una mula… o lo que sea.

Pero mola un huevo.

Con todo esto, conducir en Irlanda no deja de ser una gozada. Los paisajes, los lugares y el verdor merecen la pena sin duda alguna. Además, conducir es la única manera de llegar a muchos lugares maravillosos.

El sábado pasado estuve en el Parque Nacional de Killarney. No fue una visita como tal, porque ni lo tenía previsto, ni salí con tiempo suficiente. Pero desde luego que tengo que volver porque es un sitio muy chulo. De hecho, me proporcionó uno de los mejores momentos de conducción desde que estoy aquí. Este tramo de carretera entre Killarney y Moll’s Gap:

Una carretera de montaña estrecha y con el firme hecho un asco, pero que serpentea entre lagos, arroyos y valles. Como anécdota, os diré que mientras me jugaba el pellejo bajando por esa endiablada ensalada de curvas me quedé ojiplático al ver una señal de “máximo 100” cuando ni el mismísimo Carlos Sainz hubiera sido capaz de ir a más de 60 en el tramo en el que estaba puesta.

Una iglesia:

Un puente:

Ladies View:

En realidad, esa carreterilla forma parte del Ring of Kerry. Una famosa ruta turística circular de 170 kms que recorre la península de Iveragh partiendo de Killarney. Es un destino muy demandado por turistas y hay rutas guiadas en autobús por el anillo. Eso si, la carretera es tan estrecha, que todos los autobuses viajan en el mismo sentido, el contrario a las agujas del reloj y a los coches se les sugiere que hagan lo contrario.

Bueno, no me voy a entretener más hoy. Ya os hablaré más despacio del Ring of Kerry, porque es seguro que voy a intentar volver con tiempo de hacérmelo enterito.

Nos vemos…

Abrazo Extremo!!