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Motos Varios

Hay dos tipos de moteros…

… los que se han caído y los que se van a caer.

Ese es el dicho popular. Lo he oído mil veces y lo he visto otras tantas escrito en foros de Internet.

De hecho, si buscas exactamente esa frase en google, el primer resultado soy yo mismo. Aparece en un comentario de ánimo que dejé en el blog de Majesty 125, cuando ella relataba su última caída urbana. Afortunadamente sin consecuencias graves.

Bueno, pues … se me hace raro contarlo, pero resulta que esta tarde he cambiado de tipo de motero:

Así es, esa foto ha sido tomada esta tarde en el puerto de Canencia, entre Miraflores de la Sierra y Canencia, unos 10 segundos después de mi primera caída.

Una pena. Ya había lidiado con Navacerrada, Cotos, Morcuera, cafelito en Rascafría y … estaba a punto de irme a casa por las carreteras más tranquilas que pasan por Manzanares, cuando un par de viejos de Miraflores de la Sierra me dijeron que “arriba del puerto de Canencia estaba muy bonito”. Unas cuantas curvas más, no pueden hacer daño, pensé.

Bien, pues esta:

No la negocié bien 🙁

Cuando quise darme cuenta estaba haciendo un recto (podéis ver la frenada) y al instante siguiente, estaba haciendo la croqueta.

Nada más levantarme, me inspeccioné durante 5 segundos. Estaba entero. Después pasé otros 5 segundos de agobio pensando que me había cargado mi flamante moto nueva. Acto seguido tomé la foto de la moto caída. Es estúpido ponerse a hacer fotos en un momento así, pero creo que prácticamente todo lo que hice en los siguientes 2 minutos no tuvo sentido alguno 😛

Levanté la moto como si fuera una pluma, aunque ahora mi espalda me está recordando que pesa 180 kilos. Tal vez me duele de la caída, no lo se. No se nada. No me enteré de nada.

Me recompuse. Estaba entero. Solo una leve quemadura en la pierna derecha. La moto estaba sorprendentemente bien parada. No arrancaba. La miré una y otra vez. En efecto, estaba intacta. Ni siquiera se había rayado. Un alivio.

Seguía sin arrancar. Llamé al seguro, me mandaban una grúa. Me fumé 5 cigarros. Me quité la chaqueta (cumplió, aunque no hubo arrastre, por fortuna), me puse la chaqueta. Me senté en el guardarraíl del que me había librado por metro y medio y finalmente colgué la chaqueta en una señal. Me levanté, tomé más fotos. Me preguntaban los coches al pasar. No hice parar a nadie. Estaba bien y la grúa en camino. Solo agradecer que no hubiera pasado nada peor.

Me fumé otros 5 cigarros.

Pensé bastante si llamar a casa o no. No quería alarmar a mis padres. Al final llamé y hablé con mi madre. No os vais a creer lo que me dijo cuando terminé de contarle la historia. Al ver que estaba bien, me soltó un “bueno hijo, eso son experiencias de la vida. Da gracias a que no ha pasado nada y vuelve tranquilo que te hago la cena”. No histerismo. No enfados. No susto. Nada. Solo mi madre es capaz de lo que es capaz solo mi madre. No solo es la mejor madre que podría tener un motero, es la mejor madre y punto pelota. Mención honorífica para mi papá, que también tiene pasado motero.

Mientras esperaba, se me ocurrió llamar a mi taller. Me explicaron que la moto no arrancaba debido a que el sensor de vuelco corta la corriente al motor cuando la moto se tumba. Me dieron la solución, quitar la batería y esperar.

Me fumé otros 5 cigarros.

La moto arrancó. No parecía tener desperfectos aparentes. Hice comprobaciones. No había pérdidas de combustible, aceite o refrigerante. Las luces todas bien. Los intermitentes también. El cambio también… Por un momento pensé en esperar a la grúa. Finalmente bajé en la moto hasta Canencia (pueblo). Al ver que todo estaba en orden, anulé la grúa.

El resto de la tarde. Un gris viaje de vuelta a casa, donde lo único bueno es que las pocas gotas que cayeron no podían llegar a considerarse lluvia. Durante el camino de vuelta, cansado, asustado y nervioso, advertí un levísimo desvío en las barras de la horquilla. Espero que mi mecánico me confirme que no es grave.

Creo que es todo lo que me apetece hacer hoy. Solo dar las gracias a mi suerte (a mi flor en el culo) que ha permitido que mi plan de hacer descenso de cañones mañana en Cuenca y el resto de planes de mi vida futura, no se vean afectados 🙂

Estamos bien. Rafaela leve desviación de horquilla, Teo leve quemadura en pierna derecha. Creo que eso es todo lo que me apetece escribir hoy. Mañana madrugo (conduce Carlos).

Os quiero a todos.

Beso cósmico y abrazo sideral.

Ráfagas…

Varios Viajes

Cuatro días en Polska

Bueno, hacía mucho que no escribía nada y en parte era porque antes de seguir con otros posts más cortitos y jocosos, quería hacer un acojopost sobre el viaje que hice a Polonia a mediados de Agosto. Por varios motivos, ese viaje significó mucho para mi y quería que los que os pasáis de vez en cuando por Blues For the Red Sun os diérais cuenta.

El caso es que hace tiempo me puse a ello y cuando llevaba haciéndolo unas mil o dos mil horas, y ya había tomado tanto té que me empezaba a saber a café… sencillamente lo perdí por no guardarlo y durante un tiempecillo he estado algo cabreado con esto del weblog y también algo liado, así que no me ha dado por escribir.

Era probablemente uno de los acojopost-multimedia-ultrasensoriales más currados que había hecho nunca y probablemente el más acojopost-multimedia-ultrasensorial de todos. Al leerlo, vuestros sentidos y sentimientos se verían multiplicados por mil… o qué digo yo mil, que estoy tonto… probablemente diez mil!! Habríais disfrutado una experiencia única de diversión, fantasía, emoción y euforia. Algunos de vosotros habríais llegado a ser capaces de compararlo con saltar en paracaídas!!!

Las malas noticias son que me acabo de proponer rehacerlo (por mis cojones) aunque estoy seguro de que no me va a quedar tan bien como iba el original. Así que olvidaros de la experiencia mística y conformaros con lo que me salga ahora. Al menos he podido recuperar las fotos que subí y de todos modos haré lo que pueda, que mi público no se merece menos!! … va por ustedes!!! (ole ahí, y si tuviera una montera en la mano ahora mismo la tiraba para atrás como si no hubiera dios).

VARSOVIA

El día 10 a eso de las cuatro, aterrizaba en el aeropuerto Frederic Chopin (Chopin era polaco) en Varsovia donde Maya me estaba esperando. Esa misma noche iríamos en tren a Cracovia donde estaríamos hasta el día 14. Así que no había tiempo que perder y dimos un largo paseo recorriendo los puntos más significativos de la ciudad. Varsovia es sin duda una ciudad curiosa y digna de visitar. Lamento no haber podido estar más tiempo ahí y ver más cosas. Bueno, para la próxima…

Durante la segunda guerra mundial, Varsovia fue literalmente arrasada ¿Habéis visto el pianista? Pues eso. Aparte de unos pocos edificios con suerte el resto de la ciudad fue reducida a escombros y no quedó en pie nada más alto que un buzón de correos. La historia de la ciudad (y de Polonia) está fuertemente ligada a la segunda guerra mundial y al periodo comunista que seguiría después y que ha durado hasta hace unos 15 años.

Echad un ojo a estas fotos, para que veáis a qué me refiero. La primera os puede ayudar a haceros una idea de cómo quedó Varsovia después de la guerra y si hacéis un par de búsquedas (warsaw war | warsaw ruins) en Google imágenes, podréis ver montones de fotos como estas.

En nuestro paseo vimos el controvertido Palacio de la Cultura y Ciencia (PKIN), la plaza del mercado y el resto del casco antiguo, las murallas de la ciudad, el río Vístula, la ópera, el monumento a Copérnico (polaco), la casa de Marie Curie (polaca, descubrió el polonio y muchas otras cosas entre ellas la radioactividad que a la larga le causó la muerte por leucemia… mmm puede que un día haga un post sobre ella), la universidad, el palacio presidencial, el palacio real y el monumento al rey Segismundo III, los jardines Sajones, la tumba al soldado desconocido… no está mal para unas pocas horas eh!!

Jardines Sajones.

El casco antiguo de Varsovia reconstruido tal y como era antes de la guerra.

El centro de Varsovia, el casco antiguo y las murallas, fueron reconstruidas después de la guerra preservando el aspecto original. La verdad es que sin saberlo, no podrías decir que todos esos edificios no tienen cientos de años. Me parece que tiene mucho mérito. Varsovia puede estar orgullosa de ser una ciudad que “se ha hecho a sí misma”.

Los trabajos, remodelaciones y lavados de cara que lleva Varsovia encima (y los que le quedan) llegan a lo grotesco, como por ejemplo el caso del monumento al Rey Segismundo III, que cambió la capital de Polonia de Cracovia a Varsovia. Una escultura de bronce en lo alto de una columna de granito, que fue erigida por primera vez en 1644 y desde entonces ha sido remodelada/reformada/reconstruida incontables ocasiones hasta 1949. Ha tenido una valla de madera alrededor, más tarde una de acero y luego una fuente con tritones. Cambiaron el material de la columna, quitaron la fuente, la valla… la tiraron los alemanes, la reconstruyeron… me extraña que no le hayan añadido elementos art decó en 1930 o que no le hayan pintado flores en los 70.

Como dato curioso, después de tanto meneo, la columna se ha movido 6 metros de su ubicación original. Vamos a ver, no es que a la columna una noche le hayan salido patas, o que a finales de los ochenta la figura de Segismundo III haya hecho break dance y se haya desplazado haciendo el Moonwalker… es que de tanto tirarla y levantarla, se ha ido acumulando el error poco a poco… ¡es de locos!

Palacio real y monumento a Segismundo III.

Que rinconcillo del centro de Varsovia eh… coquetón, coquetón!! oyessss

Las calles del centro de Varsovia son así de coquetassss como veis en las fotos. Pero fuera del casco antiguo, hay de todo. Desde luego, la ciudad está cambiando mucho últimamente. Hace 15 años ya que han dejado atrás el comunismo y es ahora cuando están pillando cacho de los fondos de la Unión Europea. Tanto en Varsovia como en Cracovia vimos muchas calles, fachadas y edificios en obras. Obras en su mayoría financiadas por inyecciones directas de la UE.

Para que os hagáis una idea, en la calle donde vive Maya en Varsovia, las aceras son nuevas. Las cambiaron hace dos años. Bien, hasta aquí todo normal ¿no? Las cambiaron porque las que había estaban llenas de baches y agujeros, lógico que pongan unas nuevas ¿no? Ahora viene lo curioso. Es que esos agujeros y baches y destrozos estaban ahí desde la guerra!!!… DESDE HACE MAS DE 50 AÑOS!!! En Polonia no ha habido pasta para hacer estas cosas hasta ahora. Así que puedes ir paseando por la calle y ver una fachada reluciente y sana y la siguiente fachada llena de mierda y hecha una pena y con agujeros de balas!

Otros “recuerdos” de la guerra son las innumerables placas conmemorativas y pequeños “monumentos” a las víctimas que hay por todas partes en Varsovia. Prácticamente en cada esquina puedes encontrar una placa rememorando una matanza de polacos inocentes, un levantamiento o actos similares durante la ocupación Nazi. La mayoría de ellos tienen velas y flores todavía… impactante.

Plaza del mercado con coche de caballos incluido.

Después de pasar la tarde por Varsovia, cogimos el tren a Cracovia. Unas dos horas. Muy bonito esto. Espero volver pronto.

CRACOVIA

El resto del tiempo, lo pasamos en Cracovia y alrededores. Ahí teníamos el hotel, en el mismísimo centro de la ciudad y desde ahí planeamos y ejecutamos dos excursiones, una a las minas de sal de Wieliczka y otra a Oswiecim, donde visitaríamos Auschwitz (si, el campo de concentración).

McGolonka

Entre nuestras idas y venidas por Cracovia, nos apretamos nuestras buenas comidas en estupendos restaurantes del centro. Los que me conocéis sabéis que tengo buen saque y que me gustan las comidas con fundamento. Si eres de los míos y te gusta comer, Polonia es tu sitio!!

Entre las comidas más típicas que tuve la oportunidad de probar, está la golonka que veis en la foto. Básicamente se trata de un codillo de cerdo con una especie de rebozado que está muy bueno. En ese mismo sitio también comimos unas setas en una especie de crema y mientras esperábamos a los platos principales nos trajeron pan y tocino para untar. Otro día para cenar, tomé pierogi, una especie de empanadillas cocidas rellenas con carne, setas, queso, patatas, frutas o prácticamente lo que te apetezca. Los míos llevaban carne y setas. Esa misma cena la acompañamos con zumo de grosella negra y muy bueno todo oiga… Comimos muchas cosas diferentes, pero la verdad es que no recuerdo el nombre de muchas de ellas, una pena, soy un desastre.

Una de las comidas más curiosas fue una cena en un Bar Mleczny (bar de leche). Los bares de leche están por todas partes en Polonia. Son establecimientos sencillos donde sirven comida típica polaca a todas horas y muy barato. Pueden no parecer muy glamurosos, pero desde luego son de lo mejor para conocer de veras la gastonomía polaca. Nosotros tomamos un poco de todo, sopa de eneldo, zumo de frutas del bosque, una especie de potaje de carne y repollo o col que es muy popular y creo recordar que se llamaba bigos, trigo sarraceno (un cereal típico polaco que se parece al arroz) y de postre unos crepes con requesón. Un festín de polacadas!!!

Además, los bares de leche tienen cierto interés turístico por ser algo típico de Polonia y en el que estuvimos nosotros se suma el hecho de que era frecuentado casi a diario por Karol Józef Wojtyla (el papa Juan Pablo II), mientras estudió, se convirtió en sacerdote y más tarde en arzobispo, todo ello en Cracovia.

Para los polacos, Juan Pablo II es una especie de héroe nacional. No solo porque Polonia es un país profúndamente católico sino porque mientras fue papa, Juan Pablo II utilizó su posición para influenciar decisivamente en la caída del comunismo en muchos pueblos de Europa, entre ellos como no, Polonia. Para que os hagáis una idea, mientras estuvimos ahí, una de las películas de más éxito era una biografía suya.

La plaza con la basílica de Santa María al fondo.

Lo primero que visitamos de Cracovia fue la plaza del mercado (la más grande de Europa) que tiene un ambiente estupendo. Está siempre llena de gente, coches de caballos de un lado a otro, artistas callejeros, terrazas, turistas y tiene el edificio del mercado en el centro… en fin, muy chulo.

En la foto, al fondo podéis ver la basílica de Santa María y el monumento a Adam Mickiewicz (poeta). Desde la torre de la basílica, cuatro veces cada hora, un trompetista toca el hejnal (formato ogg). No es una grabación ni nada parecido, es un trompetista de verdad (humano) que se sube los 239 escalones de la torre y toca una tonadilla, siempre la misma, cuatro veces cada hora en cuatro direcciones diferentes a través de cuatro ventanas diferentes. El hejnal es una melodía curiosa y una de las más arraigadas en la cultura polaca. No es de extrañar, ya que se retransmite a diario en la radio nacional para indicar la hora.

Cuenta la leyenda que el origen del hejnal data de la edad media, donde servía para anunciar entre otras cosas la apertura y el cierre de las puertas de la ciudad o para advertir a los ciudadanos de algún peligro. Durante la invasión mongola (de los mongoles, se entiende) uno de los vigías de la torre divisó una horda de guerreros que se disponían a tomar Cracovia e inmediatamente hizo sonar el hejnal con su trompeta para que cerraran las puertas de la ciudad.

Mientras tocaba, los guerreros le atravesaron la garganta de un flechazo, cosa que le impidió continuar tocando… y poco más tarde le impidió continuar viviendo. A pesar de todo, los guardias de Cracovia tuvieron tiempo de cerrar las puertas de las murallas y pudieron de ese modo repeler el ataque. Desde entonces y en honor al valiente vigía, el hejnal se toca tal y como se escuchó aquel día, terminando de manera abrupta exactamente en la misma nota en la que el vigía dejó de soplar. Cientos de años más tarde sigue siendo así y de hecho, nadie conoce el final de la melodía.

Las minas de sal de WIELICZKA

Pasamos una tarde en las minas de sal de Wieliczka, un pedazo del patrimonio de la humanidad de la UNESCO que recibe 700.000 turistas al año, a una hora en autobús de Cracovia.

Cuenta la leyenda, que la princesa Húngara Kinga, se iba a casar con el gobernador de Cracovia y por eso quería hacerle un regalo. Como no sabía muy bien que regalarle y además, los polacos tenían ya de todo… mmm… un momento!! Los polacos no tenían sal!!! Eeeeequilicua!!! Así que decidió regalarles unas minas de sal ¿pero cómo?. Pues muy fácil. Kinga arrojó uno de sus anillos en lo más profundo de una de las minas de sal de su padre en Hungría, después de lo cual viajó a Wieliczka y pidió a los lugareños que cavaran un profundo pozo. Los mineros pronto encontraron sal, y además, dentro del primer pedazo de sal que obtuvieron, encontraron el anillo que Kinga había arrojado en la mina de su padre. Hubo gran regocijo, porque había anillo para la boda y por la de saleros que iban a llenar.

La princesa Kinga recibiendo el anillo de vuelta.

La mina en sí es interesante ya por el mero hecho de ser una mina de sal, pero lo mejor es que durante todo este tiempo los polacos se dedicaron a escavar galerías, capillas, cámaras, figuras, relieves y estatuas de todo tipo. Para que os hagáis una idea, 327 metros de profundidad, más de 2000 cámaras y 200 kilómetros de pasillos!! Vamos… MORIA!!!!

Gandalf: Let the Ring-bearer decide. Frodo?
Frodo: We will go through the mines.
Gandalf: So be it.
…y así les fue…

Corred insensatos!!

Como dato curioso, comentar que en las minas solo hay estatuas de gente que las haya visitado. Entre los que cabe destacar a Copérnico, Juan Pablo II, Gandalf el Gris y el resto de la compañía del anillo. También que hay restaurantes a más de 100 metros de profundidad y hasta un auditorio con una acústica privilegiada. Desde luego, a quién se le diga… Merece la pena visitarlo!!

Auschwitz

Bien… Llegado a este punto del viaje, hay que aclarar algo. Cracovia y sus alrededores son muy bonitos y hay miles de sitios donde pasar un día estupendo con montones de cosas dignas de visitar. Pero pasar por Cracovia y no visitar Auschwitz es imperdonable. No importa qué más visites o qué más hagas en ese viaje, porque sea lo que sea, probablemente lo que más te impacte sea visitar los campos de concentración en Oswiecim. Tampoco importa lo que hayas aprendido sobre el Holocausto, los libros que hayas leído o las películas que hayas visto. Mientras no visites los campos de concentración de Auschwitz no entenderás del todo lo que significó todo aquello. Sencillamente es una experiencia que te sobrepasa.

Dicho esto, me gustaría decir que ni soy un experto en historia ni nada que se le parezca ni estoy tan bien informado como debería para tratar temas tan serios. Por otro lado, no quiero hacer de mi weblog un sitio lúgubre y poner triste a la gente, así que me limitaré a describir mi visita y a aportar unos pocos datos y punteros hacia fuentes de información.

El nombre original de la población en cuyos alrededores se construyeron los campos es Oswiecim. Los alemanes lo rebautizaron como Auschwitz y construyeron tres campos de concentración llamados Auschwitz, Auschwitz II-Birkenau y Auschwitz III-Monowitz (ademas de unos 40 subcampos adyacentes). De estos, los dos primeros se conservan como museo. Miguel, gran entendido de la Segunda Guerra Mundial, me aconsejó que visitara los dos campos. Mucha gente visita solo el primer campo (que está mucho mejor conservado y es más pequeño, por lo que se visita más rápido) y no recorre los tres kilómetros que hay hasta Birkenau. Miguel me dijo que tenía que visitar los dos campos para hacerme una idea de la magnitud de aquello y tenía razón. Birkenau es impresionante.

Alemán y polaco.

Algunos de los barracones de Auschwitz han sido reconvertidos en salas de exposición, pero conservan en todo lo posible la apariencia que tenían durante la guerra. Nada más entrar en el campo, puede verse en la puerta principal un sarcástico lema Arbeit Match Frei (el trabajo os hará libres) que los prisioneros tenían que leer cada día al tiempo que marchaban al son de la música marcial que tocaba la orquesta del campo (formada por prisioneros, como todo lo que conllevara ejercer cualquier tipo de trabajo).

En los barracones permanece instalada la exposición con la historia del campo. En algunos se pueden ver fotografías, reproducciones en maquetas de los crematorios (que también se pueden visitar) y diferentes pruebas del genocidio, como por ejemplo latas y latas de Zyklon B, el gas del que se llegaron a usar 20.000 kilos tan solo en Auschwitz entre 1942 y 1943. Entre las estancias que me causaron mayor impresión, están aquellas en las que se pueden ver objetos personales de los prisioneros que habían sido requisados por los SS. Los Nazis almacenaban estos objetos y pretendían utilizarlos para sí mismos. Zapatos, enseres para el aseo, ropa, gafas, joyas… Incluso puede verse una enorme montaña de pelo humano que vendían a empresas textiles para fabricar telas.

Los prisioneros que eran trasladados a los campos de concentración no sabían cual sería su destino. Iban engañados, se les decía que serían recolocados en algún otro sitio y una prueba inequívoca de ello es que llevaban consigo hasta sus pertenencias más superfluas, como gomina para el pelo. Cuando se les recogía para llevarlos en tren a los campos, se les hacían escribir su nombre en sus maletas antes de quitárselas para que pensaran que una vez en su destino podrían recuperarlas. El engaño continuaba hasta el punto de que antes de entrar en las cámaras de gas, se les decía que iban a tomar una ducha e incluso les daban jabón y toallas. Como consecuencia, miles y miles de ellos no sabían lo que les ocurriría hasta que era demasiado tarde.

El bloque 11 servía de prisión dentro de la prisión y era escenario para las peores atrocidades y castigos que podáis imaginar. Experimentos médicos, muertes por asfixia, por inanición, por aislamiento sensorial… En el patio de este bloque, tapiado y con las ventanas que dan a él cegadas por tablones, se haya el paredón de ejecuciones donde mucha gente sigue llevando flores y velas.

Paredón junto al bloque 11.

La visita continua en Birkenau, donde todo es similar pero las proporciones son de un orden mucho mayor. Birkenau tenía su propio apeadero de trenes, donde llegaban uno tras otro trenes de mercancías llenos de prisioneros de toda Europa, a menudo después de viajes de más de 10 días durante los cuales los prisioneros no recibían agua o aliento alguno y permanecían agolpados en vagones originalmente diseñados para transportar ganado.

Las vías de Birkenau.

Los barracones de Birkenau fueron diseñados en un primer momento como establos para los caballos que habrían de ser utilizados en la campaña contra Rusia. Se extienden hasta donde la vista alcanza, mires a donde mires.

En Birkenau se pueden visitar las ruinas de las dos enormes cámaras de gas y los cuatro crematorios que había en el campo. Los Nazis los quemaron al final de la guerra con la esperanza de poder borrar las huellas de sus atrocidades. También puede verse un gran monumento de piedra erigido entre las ruinas y dedicado a las víctimas en 1967. En él pueden verse 12 placas con una inscripción conmemorativa traducida a los 12 idiomas correspondientes a las nacionalidades de los prisioneros del campo.

En total se estima que más de un millón y medio de personas murieron en estos campos (80% de judíos), lo que los convierte tristemente en el mayor centro de exterminio de judíos europeos, cuya gran mayoría pereció en las cámaras de gas instantes después de llegar al campo, sin que ni siquiera fueran inscritos en el registro.

En definitiva, muy impactante. Se queda uno sin palabras.

Vamos a ir cambiando de tema que esto es muy chungo…

Más Cracovia

Tras nuestras dos excursiones, reservamos un día para visitar Cracovia más en profundidad, hacer algunas compras y en definitiva, despedirnos de alguna manera.

Cuadracos en las murallas de Cracovia.

Paseamos de nuevo por el centro. Esta vez prestando atención a las fortificaciones medievales y a las murallas de la ciudad, donde los artistas callejeros exponen sus obras para la venta. Llovía, así que tampoco es que pudiéramos hacer un paseo demasiado largo y pausado. Aprovechamos para visitar varias tiendas de artesanía, arte y regalos en las callejuelas que van desde las murallas hasta la plaza. Hay cosas muy bonitas y los precios de cualquier cosa que quieras comprar en Polonia son muy asequibles para el españolito medio™. En general, cualquier cosa que quieras comprar en Polonia te saldrá bastante más barato que en España así que otro punto más para visitar Polonia.

El rastro indoor.

Después de comer seguía lloviendo, así que dimos un paseo indoor por el edificio del mercado en el centro de la plaza. Hay de todo, artesanía, trajes regionales, armas, joyas con ámbar (muy típicas), camisetas, recuerdos, … Yo compré un par de cosillas para mis padres.

Después de consumir fuimos a ver el Wawel, una colina a cuyos pies corre el Vístula y donde se encuentran el castillo real y la catedral y donde según cuenta la leyenda, había también un dragón. Mira tu que de cosas… oye…

Ese tejado que parece de oro… es de oro.

El edificio con la cúpula de oro en la foto, es la catedral. Cuando el rey Segismundo I le hizo el encargó al arquitecto Bartolomeo Berrecci, le pidió que hiciera una de las cúpulas de oro. Bartolomeo se puso manos a la obra con ello. Pero cuando avanzaban las obras, Segismundo I le dijo a Bartolomeo que parecía que no estaba usando suficiente oro y que no tendría suficiente para cubrir toda la cúpula. Bartolomeo estaba convencido de que tenía oro de sobra y no hacía caso de las advertencias de Segismundo. Finalmente acabó la cúpula y no necesitó usar todo el oro que tenía a su disposición. Para demostrar que le había sobrado, decidió fundirlo en un gran bloque que todavía permanece dentro de la catedral. Además, en la torre de la catedral Segismundo mandó instalar una campana forjada con el metal de las armaduras de caballeros que habían dado su vida por defender Cracovia. Esta campana solo se hace sonar en momentos muy solemnes e importantes, como un cambio de Papa o el anuncio del comienzo de una guerra o de la llegada de la paz.

El castillo real es precioso también y alberga las joyas de la corona. Pudimos pasar al patio interior, pero fue una pena que estuviera lloviendo y además, no pudimos ver ni el castillo ni la catedral por dentro. Una lástima.

Desde lo alto de la colina, en las murallas del castillo y en un respiro que nos dio la lluvia, pudimos disfrutar de una preciosa puesta de sol a través de las nubes sobre el río Vístula. Hicimos montones de fotos muy chulas.

Fuego!!

Cuenta la leyenda que en la colina habitaba un dragón que tenía su guarida justo en la falda de la misma, debajo de las murallas del castillo y que se dedicaba mayormente a lo que se dedican todos los dragones. Arrasaba cosechas, aterrorizaba a los campesinos y se comía a la gente, con manifiesta debilidad por las jovencitas.

El rey quería librarse de él como es lógico, pero sus más valientes caballeros no hacían más que morir uno tras otro al enfrentarse con el dragón. Para apaciguarlo, una vez al mes sacrificaban a una jovencita dejándola a las puertas de su guarida. Hasta ahí bien, pero pronto llegó el día que se quedaron ya sin jovencitas. Todas habían sido sacrificadas a excepción de Wanda, la hija del rey. Fue entonces cuando el rey prometió la mano de su hija a aquel que consiguiera librar al pueblo del dragón. Muchos fueron los que lo intentaron porque se ve que la oferta no era nada despreciable, pero ninguno acabó con él.

Hasta que lo intentó un joven aprendiz de zapatero llamado Szewczyk Dratewka. A este muchacho se le ocurrió rellenar una oveja con sulfuro y dejarla en frente de la guarida del dragón. Este se abalanzó sobre ella y se la comió, sintiéndose inmediatamente terriblemente sediento. Para aliviar su sed, se dice que el dragón se bebió la mitad del río Vístula y a causa de ello… reventó! Entonces Szewczyk y Wanda se casaron y vivieron felices y comieron perdices!!

Bueno, hay diferentes versiones sobre la historia del dragón de Wawel… pero esta es la que más mola. El caso es que sea como fuere, a los pies del castillo hay una enorme estatua del dragón que echa fuego por la boca cada poco y todo!! A su lado, hay una cueva que se supone era su guarida, pero no pudimos visitarla porque estaban reformándola.

Después de esto… ya poco más queda que contar de mi viaje a Polonia. A ver que piense… que la cerveza polaca está muy buena y que me ha gustado todo mucho y quiero volver pronto. Aquí voy a dejar este post, que ha sido como un pequeño parto. Me reconcilio de nuevo con este mi weblog y os emplazo para mis futuras entradas, que tengo muchas planeadas.

Abrazaco para todos y… Gracias mil Maya!!!

Humor Varios Viajes

El mundo es un pañuelo

Ayer volví de mis vacaciones. Muuuuuuy buenas vacaciones. Unos días en Londres y unos días en Polonia (mayormente Cracovia). Tengo mucho que contar y unas cuantas fotos que colgar, pero antes quiero contaros algo que me pasó nada más llegar a Leeds.

Venía yo un poco cansado de tanto viaje y tanto tren y tanta leche cuando por fín llegué a la estación en Leeds. Me gustan los trenes, pero no estaba disfrutando del viaje esta vez. El libro que tenía para leer me está costando especialmente. Ya sabéis que no leo mucho y es solo desde hace poco que me estoy empezando a aficionar. Antes era de esas personas que no pueden leer un libro hasta que han acabado el que tienen a medias, pero ahora sencillamente tengo más libros empezados que nunca. Cambiar de uno a otro es como cambiar de canal viendo la tele. Pero el que tenía en el tren (para retomar mi historia) es especialmente espeso. Es El miedo a la Libertad de Erich Fromm y lo estoy leyendo gracias a Ixra que me lo prestó cuando estuve en su casa en Milton Keynes.

Le dije- oye Ixra, no tendrás tu por ahí algún libro chulo para dejarme, que estoy a punto de terminarme 1984.
A lo que el personaje contesta- claro hombre, mira te voy a dejar un libro estupendo de uno de los discípulos de Freud que habla sobre cómo el hombre elude inconscientemente su propia libertad, y tal.

Pensé que pintaba bien. Pero parece que Ixra no escuchó lo de chulo. Lo que en realidad había que entender de sus palabras es más o menos esto: ¿Qué si tengo algún libro para que te lleves para siempre y no lo vuelva a ver más? Pues claro que si hombre!!. Como si no tuviera suficiente con que vengas aquí a gorronearme, encima me quieres choricear un libro ¿no?, pues sí que lo tengo. Uno cojonundo. Te vas a cagar!! Te voy a largar el ladrillo más denso, largo e incomprensible que jamás halla llegado a mis manos.

Y así lo hizo. En el último momento tuvo piedad y me confesó que no había sido capaz de terminarlo. Aun así, lo cogí. Pensé- bueno, un libro gratis…

Tengo pensado terminarlo (por mis cojones) pero nada más empezarlo me di cuenta de que a pesar de ser muy interesante, resulta una lectura… mmm… pesada. Vamos, que es cogerlo y automaticamente te invade un sopor del 15. No es para menos, cogiendo un fragmento al azar, puede leerse algo como esto:

“También desde el punto de vista filogenético la historia del hombre puede caracterizarse como un proceso de creciente individuación y libertad. El hombre emerge del estado prehumano al dar los primeros pasos que deberán liberarlo de los instintos coercitivos.”

Que no digo yo que no sea cierto, pero vamos, que al amigo Erich Fromm lo que le hace falta es que alguien le regale una Play Station o algo. Porque esto no es sano.

Bueno, a lo que iba. Que mientras leía esta obra maestra, me estaba dando el sol (si amigos, el sol sale de vez en cuando en Inglaterra) por la ventana del tren y ese silencio que hay en los trenes ingleses donde la gente actua como si el resto de viajeros no existieran y es imposible empezar una conversación con la persona que tienes al lado. El resultado era que empezaba a dar ligeras cabezadas. Tampoco mucho, porque cada vez que empezaba a quedarme frito una preciosa niña rubia de un añito más o menos pegaba un inmenso chillido capaz de sobresaltar al mismísimo Satanás. Al minuto, vuelves a empezar a quedarte sopa y de repente zas!! otro chillido. La niña llevaba un control del tempo quirúrgico. Era empezar a quedarse sopa y la jodía parecía que lo notaba y pegaba un grito como diciendo- oye tu!! no te estarás durmiendo leyendo El Miedo a la Libertad?!?! no serás tan zoquete!!

Total que cuando llegué a Leeds estaba zombi total. Me bajo del tren y empiezo a ver cosas raras. El centro de Leeds y la estación entre las 5 y las 7 de la tarde está lleno de gente saliendo de las oficinas y todo el mundo viste igual. Los chicos traje oscuro, camisa blanca y corbata. Las chicas pantalon negro y parte de arriba negra, cuando no un traje de chaqueta negro. El caso es que estaba yo deambulando medio sopa entre la multitud, veo las ya típicas cuatro ratas jugando al poker en una esquina, dos rollizos y rosados cerdos vestidos de traje y corbata… cuando de repente veo un chino enorme, de unos dos metros. Lo primero que me vino a la cabeza fue lo que le viene a todo el mundo cuando ve un chino de dos metros. Me dije- joder qué chino más alto!!

Un instante después me empezó a resultar familiar. Esta estancia está aportándome mucho en lo personal y estoy aprendiendo a abrirme a cosas nuevas y a conocerme mejor y bla, bla, bla… Pero que a tomar por culo de tu casa te cruces con un chino de dos metros y te de la sensación de conocerle puede significar sólo dos cosas: o bien estás borracho (que también puede ser) o bien lo conoces realmente. Le di un par de vueltas más y enseguida caí. Lo conocía!! Lo había conocido en Cambridge cuando fuimos a jugar con el equipo de la URJC!!.

¿Lo veis?. Si hombre si, al lado de Edu, el número trece de los nuestros. Ahí está el chino tocho!!

Me acerqué a él y le pregunté si estudiaba en Cambridge. Se extraño muchísimo, abría los ojos como platos (bueno, hacía lo que podía) y me estrechaba la mano aunque todavía no sabía quién era yo. Le refresqué la memoria y se puso muy contento. Enseguida me hizo una de las preguntas más fáciles de responder que me han hecho nunca. Me dijo- ¿Tío (mate) cómo me has reconocido?. A lo que yo contesté- Eres chino y mides dos metros y punto pelota (point ball).

Diez minutos más tarde me estaba invitando a una pinta y presentándome gente. Resulta que está de prácticas en Leeds y se aloja en la misma residencia que yo.

El otro tipo de la foto no es Robert Jhonson, se llama Mo. Esa misma tarde fuimos los tres a jugar al baloncesto a lo más profundo del ghetto de Leeds, con un montón de negros raperos en unas canchas perdidas en un parque con rap a todo trapo y mucho buen rollo (tengo que contar lo del baloncesto aquí en Inglaterra en algún otro post, porque tiene tela).

Resulta que este año él es el capitán del equipo de Cambridge y ya estamos planeando un viaje para que ellos vengan esta vez a jugar contra nosotros y tal vez alguna otra universidad y que visiten Madrid y esas cosas. Qué cosas.