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Humor Varios

Tiempo, distancia y tamaño

Hace tiempo que vengo pensando una teoría sobre cómo todas las cosas que nos importan y todas las cosas que nos resultan un problema se relacionan con nosotros en el tiempo, la distancia y el tamaño.

Sé que resulta obvio, pero me divierte pensar como estas tres magnitudes cambian por completo a lo largo de lugares y personas, pero siempre están presentes de un modo u otro en todo.

Todo lo que nos importa o molesta está por llegar, ha ocurrido ya o está ocurriendo en el presente y su posición relativa a nosotros en la linea temporal puede hacer que nos interese más o menos o que nos fastidie más o menos. Pensar en morir algún día, puede preocuparnos un poco. Descubrir que estamos a punto de morir, puede hacernos enloquecer. Igualmente, algo que esperamos con ansia puede ilusionarnos y una vez que ha ocurrido, puede causarnos indiferencia si no ha satisfecho nuestras expectativas.

Todo lo que nos importa o molesta, tiene un tamaño relativo a nosotros. Que sea más grande o más pequeño influye en cómo nos afecta. Una picadura de mosquito nos puede fastidiar un poco, una afección cutánea que se extiende por todo nuestro cuerpo puede hacer que disminuya considerablemente nuestra calidad de vida. Un helado puede gustarnos mucho y un camión de helado puede sepultarnos para siempre.

Todo lo que nos importa o molesta, está a una distancia de nosotros. Si nuestra pareja está en otro país, puede que la echemos de menos. Pero tal vez si la tenemos a 15 minutos de casa (o en casa) empecemos a echarla de más. Si un terremoto ocurre a 20 kilómetros de nuestra ciudad, nos preocupamos y empatizamos con las victimas de otro modo que si ocurre a 6000 kilómetros.

Hoy me he lanzado a escribir sobre esto desde la terraza en la que acabo de cenar en Galaroza, un pequeño pueblo de la sierra de Huelva en pleno Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, tras presenciar un detalle mundano que me ha recordado la idea una vez más.

Alguien ha dejado una furgoneta mal aparcada delante de la terraza y uno tras otro, todos los coches que veo pasar lo hacen con mucha lentitud, con sumo cuidado y el conductor mide una y otra vez con frenéticas miradas alternativas a ambos lados como si estuviera viendo un partido de tenis desde la primera fila.

Lo primero que he pensado es que si esta gente tuviera que conducir en el centro de Madrid, se tragaría la lengua a las dos manzanas de salir. Porque para mi, el espacio que hay a pesar de la furgoneta, es suficiente para pasar tan rápido como se quiera y estoy convencido de que el ritmo de vida en este pueblo de la sierra de Huelva influye mucho en cómo los conductores aprecian las distancias.

Del mismo modo resulta interesante pensar cómo la gente que se preocupa por el medio ambiente y la que no lo hace, aprecia de diferente forma estas tres magnitudes (al menos en este ámbito). Los primeros piensan que el problema es grande, que El Amazonas está cerca y que hay que preservar el futuro. Mientras que los segundos a menudo, piensan que el problema es para tanto, los polos están muy lejos y que para cuando queramos o podamos hacer algo, ya estaremos muertos.

También me resulta curioso ver cómo mucha gente se declara amante de los animales y sería incapaz de darle una patada a un perro, pero no se inmuta cuando aplasta un mosquito. Me divierte pensar en cambiar la escala de las cosas e imaginar situaciones inverosímiles ¿Quién le daría manotazos a un mosquito de 20 kilos hasta reventarlo? ¿Y quién querría acariciar a un perro del tamaño de un mosquito?

Imaginad una hormiga que camina por el borde de la mesa donde estáis cenando. Alguien decide darle una toba con el dedo y enviarla unos metros por el aire. La hormiga no muere, porque tiene exoesqueleto y es dura de cojones. Pero de repente vuela el equivalente para ella a miles de kilómetros y aterriza en otro lugar totalmente ajeno a su entorno ¿Qué pasa con su vida? Tiene que empezar de nuevo, en otro lugar, sin trabajo sin amigos… Pensad en si os lo hicieran a vosotros. Zas! un dedo gigante os da un tobazo y voláis hasta Moscú ¿Y ahora que? Las hormigas no tienen móviles, ni google maps ni nada de nada. Le das un tobazo a una hormiga y no volverá a ver a sus hijos, puede que caiga en una región en guerra (guerra entre insectos, que son sanguinarias) o en medio de un charco que para ella sería como un inmenso océano. Si tiene suerte puede aterrizar en una hoja y llegar a la orilla… pero tal vez sea devorada por algún depredador o acabar navegando alcantarilla abajo. Podría emparanoiarse y pensar que está descendiendo al averno (dependiendo de sus creencias hormiguiles)

Le das un tobazo a una hormiga y le has jodido la vida.