Tag Archives: ficcion

Varios

Los Números, como tu y como yo

Hola.

Parece que voy a volver a escribir una auténtica chorrada…

No hay problema, son mi especialidad.

Bien, al tema. Charlando con Ixra y Juanjo, les comentaba que hacía tiempo que quería escribir sobre algo en mi weblog. El tema en cuestión, es:

Esas ideas estúpidas e infantiles, que adquieres de niño, y que a pesar de que ya eres mayor y hace tiempo que sabes que son estúpidas, no puedes evitar que permanezcan en tu mente y te asalten de vez en cuando en la intimidad.

Yo tengo muchas de estas ideas. Cosas que interpretas mal de crío y que ahora comprendes bien, pero que en tu subconsciente todavía guardan además de la verdadera, una explicación totalmente enfermiza. O bien cosas que adquieren para ti un sentido extraño o una connotación bizarra.

Para ir al grano, os voy a comentar un ejemplo claro:

Para mi, los números del 0 al 10, tienen personalidad propia.
Es cierto, no lo puedo evitar. Los veo como si fueran personas. De hecho, podría describirlos perfectamente. Los he ido conociendo con el tiempo.

¡Que coño! Os los voy a describir…

Todo un Personaje el Cero

Pobre cero. Parece que lo estoy viendo ahora mismo. Ahí, con su gorra azul, sus mejillas coloradas y su mirada de perro pachón…

El Cero no es muy alto. No tiene mucha presencia. Tiene un claro sobrepeso, pero no le preocupa. No le gusta el deporte. Decidió hace mucho tiempo que no le interesaba. No se le daba bien, como tantas otras cosas, y no le gusta hacer cosas que no se le dan bien. Eso estropea su ya habitualmente baja autoestima. Los otros números no suelen advertir su presencia muy a menudo. El se queda por ahí detrás, sin hacer mal a nadie. Tan solo reparan en él cuando se ríe sonoramente de algún comentario, que sin duda el resto, no ha encontrado tan gracioso. Cuando habla es un poco metepatas y por regla general resulta inofensivo para cualquiera.

No se le dan muy bien las mujeres. Ellas le cogen cariño con rapidez, pero nunca lo consideran como una pareja potencial. En cambio se pasan la vida contándole sus penas con otros números más macarras. El Cero escucha y consuela con sabias palabras. En el fondo sabe que el podría hacer feliz a cualquier mujer. Pero,- ¿quién tiene arrojo suficiente para declararse en estos tiempos que corren?- piensa El Cero.

En fin… un buenazo. Todo un personaje El Cero.

Dejará Para los Demás la Pena y la Gloria

¡Aaaaaah! El Uno…

El Uno es un crack. Es el puto amo, el que parte la pana, el que corta el bakalao… ¡¡el namber güan!! Si, al menos eso dicen todos… ¿No?

El uno es joven, apenas tiene 23 años. Nació guapo, muy guapo. Alto, musculoso, de sonrisa perfecta, con unos dientes blancos alineados y los ojos azules como el Mar Caribe. Las chicas suspiran a su paso y los varones se cuestionan su heterosexualidad. Vamos, un efebo… Además, tiene un gran corazón. Es sin duda, un buen tipo. Todo le va bien. Es buen estudiante y está sacándose su carrerita, es un gran deportista, tiene una novia preciosa y sus padres le han comprado un coche bonito. La vida le sonríe y él sonríe de vuelta. Es lo que mejor sabe hacer.

El Uno tiene carisma, aunque él no comprende muy bien porqué. La gente le quiere, le cree y le sigue. En realidad… tampoco es que le sigan mucho, porque El Uno no es muy emprendedor, y aunque nunca se queja, tampoco le gusta tener responsabilidades. Aunque pocas veces se da cuenta de lo que representa para los demás, porque… El Uno no es muy listo. En realidad, no tiene mucho de aquello que algunos han dado en llamar inteligencia emocional. El Uno está bien relacionado, pero nunca ha tenido amigos muy íntimos ni ha entendido muy bien a su novia. En el fondo no le preocupa demasiado,- todas las mujeres son un poco raras, -piensa El Uno.

Su chica le pone los cuernos con un tipo que no se lava nunca, los perros le ladran y los que él cree sus mejores amigos no harían nunca nada importante por el. Además, no es el favorito de su abuela y cuando va de visita al pueblo, no suele gustar a las viejas que toman la fresca en la plaza… La novia, los amigos, la abuela Del Uno y las viejas de la plaza del pueblo, hace tiempo que se dieron cuenta de que esos preciosos ojos azules dibujan una mirada distraida y vacía.

El Uno en el fondo da lástima. Conseguirá un buen trabajo y le irá bien, eso seguro. Pero dejará para los demás la pena y la gloria.

Son Muy Buena Gente

Al Dos es difícil verle el pelo, a no ser que seas cliente habitual de su tienda de artículos de montaña. Es un tipo enjuto, alto, fibroso y de barba cerrada. Le encanta la escalada y cualquier cosa que se haga en contacto con la naturaleza. No sale mucho por las noches. En cambio pasa días enteros con su pareja y sus amigos paseando por la sierra. Conoce el campo, le gustan los animales y es un tipo encantador. No suele abrirse mucho, por no decir nada. Es difícil conocerle bien, pero mientras tardas en llegar muy dentro de su corazon, siempre encuentras signos de que lo que queda por ver, es positivo.

El Dos vive con una chica mucho más joven que el. No es muy guapa, pero es igual de coherente que el y comparten una visión de la vida muy parecida. Es posible que algún día piensen en tener hijos. No ahora, quieren viajar todo lo posible antes. Una vez los tengan, los criarán muy bien y crecerán siendo muy independientes. Han sopesado la idea de dejarlos crecer solos en el monte,- así aprenderán a ser más resueltos que los otros niños -piensa El Dos.

En el fondo, siempre he visto al Dos como una pareja. Son muy buena gente.

El Tres es tu Vecino

El tres es un tipo moreno de pelo engominado. Es de estatura media, de complexión media y en general tiene un aspecto sospechosamente normal, puede que algo gris. Viste traje azul por motivos de trabajo y tiene un poco de caspa (puede que incluso algunas escamaciones de soriasis) en los hombros. No llama la atención, es normal.

Es simpático, pero al resto de la gente le cuesta darse cuenta. Se dedica en cuerpo y alma a su trabajo (es contable) y no tiene demasiados amigos. Eso si, los que tiene le aprecian y le llaman para tomar cerveza los sábados y los domingos. Además, juega en un equipo de futbol sala. Una de las pocas cosas que hace para intentar mantener a raya su ya incipiente barriguita cubierta de pelo. Nada importante, es la liga municipal. No se le da demasiado bien ni demasiado mal, pero es muy entregado.

El Tres empieza a tener miedo de quedarse soltero. Ha tenido un par de novias. Con una estuvo cerca de irse a vivir a un piso. Pero al final se dejaron. Son cosas que pasan. Siguen siendo amigos. Ella hace tiempo que está viviendo con otro. El todavía no ha encontrado a nadie. Más que eso, no ha follado desde hace dos años y eso empieza a preocuparle. Cada fin de semana intenta salir por ahí con más ilusión y en el fondo no ha perdido la esperanza. El problema es su curro, que le absorbe mucho y además está seguro de que no se mueve por los ambientes adecuados. Últimamente está pensando en marcharse de putas. Lo tiene todo previsto. El plan es intentar conocer una prostituta que le guste y se gane su confianza y entonces ofrecerle un pacto para follar una vez por semana. Podría estar bien. Hace tiempo que lo tiene todo pensado, pero al final, nunca se atreve. En el fondo no le gusta la idea.

El Tres es tu vecino.

Un Dechado de Virtudes

El 4, el 8 y el 10 son la misma persona, pero en diferentes etapas de su vida.

Si, a ver si me explico. Un 4, un 8 y un 10 determinados, son tres instancias diferentes de la misma persona, en tres momentos diferentes de la vida de esa persona, pero que coinciden en el espacio-tiempo. Algo así como cuando el Marty Mcfly de 1985 se cruza con el Marty Mcfly de 2015 en Regreso Al Futuro II.

¿Quiere esto decir, que si matas a un 4, su 8 y su 10 correspondiente se desvanecen poco a poco, haciéndose transparentes mientras el 4 agoniza, para desaparecer finalmente junto a el, dando lugar a una paradoja espacio temporal de futuros alternativos?

No lo se.

En cualquier caso, pongamos que los 4′s tienen unos 25 años, los 8′s tienen como 45 o así y los 10′s tienen unos radiantes 65 años, barba y pelo blanco y cara de buenazo. De hecho, físicamente los cuatros, ochos y dieces son realmente atractivos. Cada uno dentro de su edad, claro.

El Cuatro tiene un aspecto desenfadado. Barba de dos días, que le sienta de maravilla, mirada limpia, sincera y segura y una media sonrisa que suele llevar con alegría y que contagia a la gente con la que habla. Para el cuatro, todo resulta fácil, parece que tiene un don para no cagarla nunca. Cae bien a la gente y las chicas que llegan a conocerle un poco se vuelven locas por el. Es un joven profesional que parece que lleva años en su ramo y gracias a su buen hacer se le respeta y se le reconoce como tal. Enseguida ha conseguido hacer una pequeña fortuna con una idea novedosa, y pronto empieza a vivir de los beneficios de sus negocios, sin tener que dedicarle todo el día. Es por esto que el cuatro siempre tiene tiempo para sus amigos, sus aficiones, viajes… etc. Ha tenido muchas novias, pero parece que últimamente está empezando a adquirir cierto grado de compromiso con una antigua amiga.

El Ocho es un tipo estupendo. Un hombre de aspecto fuerte y caballeresco. Educado, atento, divertido e inteligente. Hace tiempo que no se preocupa lo más mínimo ni por el dinero, ni por el trabajo (entre otras cosas, porque le ha ido muy bien) y ha conseguido desterrar de su mente prácticamente cualquier atisbo de pensamiento neurótico. Es sencillamente feliz. Tiene una familia que le adora y vive centrado en educar a sus hijos lo mejor posible. Al menos, tan bien como le educaron a el. Su mujer se mantiene estupenda, como siempre, y siguen tan enamorados como el primer día.

El Diez es un abuelito entrañable para sus nietos y un patriarca ejemplar para su familia. Ha conseguido mantener unida a su familia a lo largo de los años y a través de las penurias que a todos nos tocan. Ahora rebosa felicidad y pasa los días viajando con su mujer. Aunque siempre vuelven de vez en cuando a la ciudad, porque no pueden pasar mucho tiempo sin ver a los nietos, que son su debilidad. A menudo se reúnen toda la familia para pasar el día juntos en el estupendo jardín de su casa. Como aquel domingo de primavera en el que el Diez presidía una enorme mesa al aire libre. Habían conseguido reunirse todos sus hermanos, sobrinos, hijos y nietos. Los niños jugaban y los mayores charlaban animadamente, en la sobremesa.

El aroma de cafés e infusiones, el sol que le calentaba la cara y la sensación de haber cumplido en la vida llenaron al Diez de paz. Por un segundo, pensó que no habría diferencia entre ese preciso momento y una eternidad en el paraíso.

Gatuno y Chaquetero

Siempre he tenido sentimientos encontrados respecto al 5. Como diría Ramón Trecet, el Cinco es capaz de lo mejor y de lo peor.

Supongo que será porque está ahí, en medio, que no se sabe si suma o resta. El caso es que no me da buen rollo. El Cinco en general, es chaquetero. Siempre navega al viento que mejor le conviene y por lo general no mira por nadie más que por él. Tampoco es que pueda hacer gran cosa aparte de eso, porque la verdad es que tiene pocas luces.

El Cinco es un hombre de mediana edad, enjuto, delgado y de mirada esquiva. Miente cuando le conviene y suele ser bastante difícil hacerle cambiar de opinión cuando no le interesa. La experiencia que ha obtenido de la vida le ha hecho así, un poco individualista y aprovechado. -Yo no voy a ser siempre el que pringa- piensa el Cinco. No es mala persona. Generalmente te puedes llevar bien con él, y su familia, amigos y compañeros de trabajo lo quieren y lo respetan. Pero también es cierto que nunca nadie espera gran cosa del Cinco.

El Cinco es ese tipo un poco capullete, que finge que no te ha visto venir y le da al botón de cerrar la puerta del ascensor. Cuando por fin levanta la mirada aun a sabiendas de que va a encontrarse con la tuya y finalmente te ve, hace un pequeño amago de tapar el sensor infrarrojo, pero una vez más hace como que no lo encuentra. De todas maneras, su gesto te hace salir de tu asombro y reaccionas a tiempo para meter la bolsa que llevas en la mano, entre las dos puertas deslizantes y consigues que se vuelvan a abrir. Entonces pasas y el Cinco balbucea una extraña disculpa con cierta gracia y esboza una agradable sonrisa. Entonces piensas- bueno, es majete… aunque un poco capullete.

Nunca sabes por dónde te va a salir.

El Mecánico que Finge ser Despistado

Conozco un Seis que trabaja de mecánico en mi pueblo. Vas una tarde a llevarle el coche porque le pasa cualquier chorrada. Pongamos que te toca cambiarle las pastillas de freno y reparar un elevalunas. Le llevas el coche, le vas comentando lo que le pasa, y él, con su mono lleno de grasa y su cara de alobao te dice a todo que si mientras camina alrededor del coche mirándolo como con sorpresa y dándole de vez en cuando pataditas a las ruedas. Mientras lo mira, tiene tal cara de asombro, boquiabierto y con la mirada perdida, que te dan ganas de decirle -si, esto es aquello que llaman… coche.

Pero el Seis sabe muy bien lo que hace. Tomarte el pelo, y como un maestro.

Cuando vas a recogerlo, ha cambiado los amortiguadores, ha tintado las lunas y te ha puesto tapicería de leopardo. Entonces le dices, -oye mira perdona, que es que yo te había traído el coche para cambiar las pastillas y porque no funcionaba este elevalunas.

Entonces el se lleva las manos a la cara, empieza a resoplar y dice -joeeee… si es verdad, es que tengo una cabeza…- Se tranquiliza de repente, se recompone y continúa -No hay que preocuparse, la tapicería te la regalo, que es que la vi en el desguace y pensé que le quedaría bien a tu coche. Lo de los amortiguadores, ahí se quedan, porque la verdad es que ya te hacían falta, que se notaba que ya te hacía un poco el barco el coche en paso por curva. Pero me vas a tener que pagar el tintado de las lunas y si te esperas ahí un poquito, te soluciono lo del elevalunas… chavalote.

Pasados unos segundos (cuando te recuperas) reaccionas y le dices -oye ¿y los frenos?- A lo que el Seis te contesta -Los frenos los tienes de puta madre, te aguantan diez mil kilómetros mas… eso sí, no fuerces mucho, si ves que tal, porque que pun que pan y tal…

En fin, un crack.

Dos Hijoputas de Cuidado

Esos son El Siete y El Nueve. Si te cruzas con ellos, no dejes que su máscara de cordura te engañe. Son dos auténticos hijos de puta del quince. El tipo de persona que nadie debería tener como progenitor o como pareja.

El Siete y el Nueve no se conocen, pero si se toparan el uno con el otro, se caerían bien. Viven a tan solo mil metros en linea recta el uno del otro, pero el anonimato de la gran ciudad les distancia todavía más. En realidad, no dejo de ver al Siete y al Nueve como almas gemelas. No son la misma persona, pero son un calco el uno del otro. Físicamente atractivos, pero tampoco demasiado. Lo justo para pasar desapercibidos cuando les conviene sin dejar de tener cierto toque exótico, por lo verde de sus ojos y su pelo ensortijado.

Publicistas, trabajan cada uno en una agencia diferente y los dos son buenos en su trabajo. No tienen el reconocimiento de sus compañeros, que más bien les tienen miedo, pero sin que nadie sepa muy bien cómo, han llegado muy alto en la empresa. Tal vez el suicidio de un compañero del Siete, que se ahorcó en su despacho y el accidente de coche de una compañera de despacho del Nueve (con la que mantenía una tórrida aventura) les haya ayudado a escalar puestos. Pero bueno, esas cosas pasan ¿no?

Tanto el Siete como el Nueve, son muy locuaces, convincentes y no les tiembla un solo músculo cuando mienten. Tampoco les importa hacerlo si con ello van a obtener cualquier clase de beneficio. ¿Porqué no? Si ambos están convencidos de que son un ser superior. ¿Para qué regirse entonces por las normas del resto de la gente? Son incapaces de pedir perdón o de decir lo siento cuando han hecho daño a alguien. Básicamente porque no lo sienten. No sienten culpa o remordimientos. ¿Pedir perdón a eso? ¿A esa cosa? No gracias. Eso no es para ellos. Solo puedes tener capacidad de empatía si ves a los demás como personas. Pero cuando solo son cosas… ¿qué sentido tiene ponerte en su lugar?

El Siete ha salido de casa para dar un paseo. El olor del antiguo inquilino empieza a molestarle. Todavía le sorprende que nadie haya echado en falta a ese asqueroso calvo de mierda. Bueno, no pasa nada. Ahí donde está no molesta demasiado. Total, nunca usa esa habitación… De todas maneras, el olor tiene al Siete de mal humor. Es de noche, no hay mucha gente por la calle, le apetece darle una paliza a alguien. Si, algo de ejercicio y porqué no admitirlo, en realidad le divierte. Aquel borracho del abrigo gris… podría valer.

El nueve vuelve a casa después de un largo día de trabajo y una velada de diversión. Quizá haya cometido ciertos excesos. No debería haber bebido tanto. Al final, perdió el control y tuvo que hacer que se callara. Es una pena, porque follaba de puta madre, ¿pero es que no podía dejar de reirse? No la aguantaba cuando se lo pasaba tan bien. Todavía tenía el cuchillo ensangrentado en su bolsillo, jugueteaba con el mientras caminaba. Qué cara de idiota tiene ese tipo que viene de frente. Merece morir.

En Resumen

Creo que esto de los números se me ha ido de las manos :-P

Bueno, antes de que me echéis a los perros, deciros que si, que ya me he dado cuenta de que para mi los números son todos hombres. No es que discrimine a las mujeres, es que así es como mi mente enferma los ha ido dibujando a lo largo de los años. Además, me caen mejor los números pares. Se nota ¿no?

Bueno, aquí lo dejo. Sé que este no es un post típico mío, pero ya que retomaba esto, he probado con un experimento. Ya me contaréis qué os ha parecido. Prometo volver con algo más light… noticias moteriles seguramente ;-)

Hasta entonces…

… Abrazaco!

Varios

Expresión Corporal

¿Alguna vez os habéis preguntado qué es la expresión corporal?

Si la respuesta es si o no, me da lo mismo, porque yo os lo voy a contar con un ejemplo muy claro: lo que puede llegar a decir la cara de un mecánico. Eso es expresión corporal.

Los que me conocen ya saben que hace poco tuve un accidente con mi coche (Tomás). Si, mi coche tiene nombre, se llama Tomás. Mi moto se llama Victoria y mi guitarra Lola. Hace poco alguien me comentaba que eso “no era demasiado normal…” Bueno, sea como sea, el caso es que lo que es seguro es que hay manías peores que ponerle nombre a las cosas.

El accidente en sí fue más espectacular que cualquier otra cosa. Un tipo empotró su vespa contra el morro de mi coche y salió volando por encima de él. Por suerte no le pasó nada y no hubo que lamentar más que daños materiales en su moto y en mi coche. No quiero liarme a describir el accidente que no es a lo que voy. Solo comentar que fue leve, de esas “cosas que pasan”, tampoco fue fruto de ninguna imprudencia y también que legalmente la culpa fue mía.

El caso es que mi coche perdió medio parachoques y tiene una abolladura en una aleta. Tengo el seguro a terceros así que tengo que pagar la reparación yo mismo. Llevaba un par de semanas con la placa de la matrícula enganchada en el salpicadero y soltando trocitos de parachoques en las autovías así que el viernes definitivamente saqué tiempo para ir al taller y enseñarle el asunto a un profesional de la chapa y pintura.

Cada vez que hablo con un mecánico se me queda cara de gilipollas. En serio, pase lo que pase y haga lo que haga… siempre se me queda cara de tonto. No solo por aquello del síndrome de “la junta la trócola” que se da cuando no entiendes lo que te dice. Aparte, es que tengo la sensación de que los mecánicos tienen una habilidad innata y exclusiva de los de su gremio:

Los mecánicos hablan al mismo tiempo con su voz y con su cara.

Si si, lo que os digo. Y no siempre dicen lo mismo. De hecho, en esta última visita que le hice a mi mecánico tuve la extraña sensación de estar hablando con dos personas diferentes, la que podía escuchar y la que podía ver. Era como una conversación a tres partes en la que también intervenía… la cara del mecánico.

Aquí está la transcripción (fiel al 99%) de la conversación que tuvimos:

Teo: Hola.
Mecánico: Hola.
Cara del mecánico: Hola.

Teo: Vera, le traigo mi coche que tiene una serie de desperfectos porque hace poco he tenido un accidente con el.
Mecánico: Perfecto, ¿lo tienes ahí fuera? Enséñamelo…
Cara del mecánico: Vamos a ver…

Teo: Pues ahí tienes, como puedes ver el parachoques está hecho polvo y hay algunos desperfectos aquí… acá…
Mecánico: Si si, el parachoques habrá que cambiarlo.
Cara del mecánico: ¡jajajajaaaaaa… pero qué tarugo eres! ¡Vaya piña te has dao eh! jo jo jo joooooo… que torpe tienes que ser. ¡Melón! Aaaaayyy…

Teo: Claro, habrá que cambiar el parachoques y he tenido suerte de que no hay mucho más.
Mecánico: Si bueno, el parachoques… mmm…
Cara del mecánico: No hay mucho más eh… mira chaval, no me tientes que me conozco y no me sujeto. ¿Que no hay mucho más? Si te crees que te vas a marchar de aquí con un simple cambio de parachoques vas listo. ¡Te vas a cagar!

Teo: (Mirada absorta y expectante mientras el tipo husmea)
Mecánico: Es que estas cosas a veces parecen poco, pero pueden traer otros problemas. Deja que eche una ojeada… (mientras se agacha a ver los desperfectos)
Cara del mecánico: Con lo que me cuesta mover esta barriga, te aseguro que cuando me agacho, vuelvo a la superficie con un problema que merece la pena hacer aflorar…

Teo: (Continua mirada absorta, dummy mode on)
Mecánico: Vaya vaya…
Cara del mecánico: ¡jojojooooooo!

Teo: ¿Pasa algo?
Mecánico: (Incorporándose) Es que verás…
Cara del mecánico: ¡Empieza a bajarte los pantalones! Que me apetece darte por el culo.

Teo: ¿Si?
Mecánico: ¿Ves esa especie de lata de refresco que se ve donde debería estar la mitad de parachoques que ya no está?
Cara del mecánico: …creo que tenía un tubo de vaselina por alguna parte… un segundito…

Teo: Si, la veo. ¿Parece una especie de filtro no?
Mecánico: Así es, es el filtro de partículas del aire acondicionado.
Cara del mecánico: …mmm… si, ¡aquí está!

Teo: ¡Joder! Pues ya les vale ponerlo ahí justo detrás del parachoques ¿no? Además, ahora que me fijo, ¡están todas las tuberías retorcidas!
Mecánico: ¡Exacto!
Cara del mecánico: Colabora y te dolerá menos.

Teo: ¡Puf! Pues ahora que lo pienso, no me he fijado si funciona el aire acondicionado. Desde el golpe no lo he encendido.
Mecánico: Ya.
Cara del mecánico: ¡Qué haces! ¡No te retuerzas!

Teo: Bueno, como el coche te lo dejaré por aquí el lunes, puedo probarlo mientras.
Mecánico: Si, claro. Puede que funcione.
Cara del mecánico: Vale vale… esta vez te has librado. Pero no creas que esto va a quedar así.

Teo: Bueno, así a bote pronto, ¿cuánto costará la reparación?
Mecánico: Vale, deja que calcule…
Cara del mecánico: La cuestión no es cuánto puede costar sino cuanto te va a costar…

Teo: (Observando)
Mecánico: Pues contando las piezas y el montaje…
Cara del mecánico: Mi niño me ha pedido una PSP…

Teo: (Esperando)
Mecánico: … veo que el enganche del faro está medio roto también…
Cara del mecánico: … y mi mujer dice que no la saco nunca…

Teo: (Tomando aire)
Mecánico: … parece que además habría que pedir el falso faro antiniebla…
Cara del mecánico: … esa mala perra me tiene hasta las pelotas…

Teo: (Con el miedo en el cuerpo)
Mecánico: … y suponiendo que no surgen más complicaciones…
Cara del mecánico: … y la mayor quiere irse a esquiar…

Teo: Bueno, ¿más o menos?
Mecánico: … unos 700 euros.
Cara del mecánico: … y siéntete con suerte, porque podría haber hecho que tuvieras que vender alguno de tus órganos, pero me has pillado de buen humor.

Teo: ¡Diosss! Es una pasta…
Mecánico: Pffff… no es tanto. Eso sería lo más ajustado que puedo hacerlo.
Cara del mecánico: ¡Maldito desagradecido hijo de la gran puta! Tienes suerte de que se me ha calentado la boca y te he dicho 700 demasiado pronto.

Teo: … pero bueno, qué remedio.
Mecánico: Estas cosas son así.
Cara del mecánico: Todavía tengo ganas de sodomizarte, así que no juegues conmigo chaval.

Teo: Si, qué se le va a hacer…
Mecánico: Bueno, piensa que no he incluido el filtro del aire acondicionado. Supongamos que funciona así como está. Podría intentar enderezar esas tuberías, pero el aluminio es muy malo de malear y puede rajarse. Si se lo sumas, la cosa podría subir a los 1200 euros.
Cara del mecánico: Como me sigas tocando las pelotas, te acabo de estropear el filtro de una patada y tendrían que terminar de pagar la reparación tus hijos y los hijos de tus hijos y los hijos de los hijos de tus hijos y así por los siglos de los siglos…

Teo: No no, el filtro no lo toques. Lo pruebo este fin de semana y te digo el lunes si funciona. En caso de que así sea, mejor no lo toques y que dure lo que dure ahí como está.
Mecánico: De acuerdo.
Cara del mecánico: Autocontrol… autocontrol…

Teo: Bueno, pues el lunes me paso y te lo dejo por aquí. ¿Crees que lo podríais tener antes de semana santa?
Mecánico: mmm… tendría que mirarlo. El lunes te comento seguro, pero puede que si.
Cara del mecánico: ¡jajajaaaaaa! ¡Antes de semana santa! Será de la del 2007 ¿no?

Teo: Vale, pues el lunes nos vemos. Adiós y gracias.
Mecánico: Hasta el lunes.
Cara del mecánico: Disfruta este fin de semana porque acaban de abrirse las puertas del infierno.

El siguiente lunes…

Teo: Hola.
Mecánico: Hola.
Cara del mecánico: ¡Tu!

Teo: Vengo a dejarte el coche.
Mecánico: Vale, perfecto.
Cara del mecánico: Ya eres mío.

Teo: Además, te quería comentar una cosilla. El elevalunas del conductor ha dejado de funcionar y ahora que viene el calorcillo… mal asunto. ¿Podéis hacer algo con eso también?
Mecánico: Claro.
Cara del mecánico: Eso va a costarte dinero, amigo.

Teo: Espero que no suba mucho el presupuesto.
Mecánico: Bueno, las piezas rondarán los 80 euros y hay que sumarle el montaje.
Cara del mecánico: Lo que tu esperes no importa.

Teo: Bueno, lo que sea. Ahí te lo dejo ¿vale?
Mecánico: Perfecto.
Cara del mecánico: aha…

Teo: Pilla mi teléfono y si hay alguna complicación me avisas.
Mecánico: Ok, dime.
Cara del mecánico: Si pudiera lo apuntaría directamente en papel higiénico.

Teo: tal tal tal… tal tal… tal tal … tal tal.
Mecánico: Vale, ya lo tengo, pero si eso ya me pegas tu un toque a mi a finales de semana eh…
Cara del mecánico: ¿Para qué quieres que te llame eh? ¿Para contarte como husmeo entre los cds de la guantera?

Teo: Vale, pues nos vemos entonces. Adiós y gracias.
Mecánico: Tranquilo, aquí queda esto en mis manos.
Cara del mecánico: Llenas de mierda por cierto y no pienso usar guantes para manosear la tapicería.

Teo: ¡Ah! Se me olvidaba, el aire acondicionado funciona perfectamente.
Mecánico: Me alegro, has tenido suerte.
Cara del mecánico: ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!

Humor Varios

Ratas!

Ayer tuve que bajar la basura por segunda vez desde que estoy viviendo en The Tannery. No me tocaba a mi, pero Emily, mi compañera de piso sueca, no estaba muy segura de querer hacerlo ella. El porqué os lo explico en un volao.

La residencia no está mal del todo. Parece bastante nueva, los electrodomésticos están en buen estado y las habitaciones están bien. Cada inquilino tiene su propio cuarto de baño, pequeño e incómodo pero tuyo propio al menos. Además, tengo internet de gorra y desde hace un par de semanas funciona la televisión por satélite que hay en un salón común y puedo ver el canal internacional de televisión española. Aunque lo de la tele es lo de menos. Ya veía poco la tele en España, pero desde que estoy aquí, habré visto tres horas de televisión en total (contando que dos fueron en casa de Ixra en Milton Keynes).

Como habréis podido imaginar, la cocina es compartida. Y una cosa que pasa en las cocinas compartidas es que el cubo de basura se llena a una velocidad mayor de lo normal. De hecho la velocidad crece de manera directamente proporcional con el número de inquilinos.

Un día hará unas tres semanas decidí que ya había que bajarla, así que me enteré de donde había que llevarla y para allá que fui. Debajo de los cuatro bloques de pisos, hay como una especie de sótano/garage/patio donde tienen unos 20 contenedores de basuras puestos asín… todos en fila. A unos metros, están aparcados los pocos coches que hay en verano en el edificio. Para acceder a este sitio, cruzas el patio interior y bajas por unas escaleras metálicas. Según estaba bajando, sentí que algo se movía por todas partes. No alcanzaba a ver nada todavía, así que no le di importancia. Continué avanzando escaleras abajo mientras mi campo de visión se iba haciendo más y más grande y podía ver cada vez más espacio del sótano. Cuando había bajado el último peldaño, ya no me quedaba ninguna duda. Estaban ahí!! delante de mis narices!! Grises y enormes!!

Calculo que me dio tiempo a ver unas 15 ratas moviéndose por todo el garage, que no es mucho más grande que una cancha de baloncesto. Las había que corrían huyendo de mi recorriendo toda la explanada en un segundo, a una velocidad asombrosa. Las había que no se movían demasiado y se quedaban mirando, como esperando un poco a ver qué hacía yo en lugar de huir. Otras dos, estaban literalmente trepando por una rejilla metálica haciendo un asquerosísimo ruido de garras contra metal y por último cuatro de ellas me miraban desafiantes desde una diminuta mesa, sentadas en cuatro sillas e iluminadas por un flexo mientras jugaban al poker y fumaban, en una esquina del habitáculo.

Me quedé petrificado. Siempre había pensado que no tenía miedo a las ratas, pero ahora entiendo que lo pensaba porque nunca había visto algo así. Hacía nada que había terminado de leer 1984 y en ese libro, el protagonista siente odio y pánico por las ratas. En uno de los últimos pasajes del libro, se describe muy detalladamente cómo utilizan ratas para torturarle del modo más cruel. En otras partes de la obra, se describe como algunos niños de los barrios más pobres de la ciudad en la que transcurre la historia son devorados por las ratas en plena calle y justo esos pasajes me vinieron a la cabeza en ese preciso instante.

Lo peor estaba por llegar. Durante tres o cuatro segundos no me moví. Me miré a los pies y me di cuenta de que había bajado en chancletas de piscina. En ese instante imagine que si una sola de esas mierdas con patas me rozaba un pie, me moriría allí mismo y ya no sufriría mientras me devoraban.

Retomé las riendas de la situación. Los contenedores estaban a unos 4 metros de mi. Las ratas habían huido. Ya sólo podía ver a las que estaban más lejos. Así que me decidí a caminar hacia los contenedores, encontrando para mi regozijo que el más cercano a mi tenía la tapa levantada. Me acerque lo suficiente para asegurarme de no fallar y encesté la bolsa de basura en él desde un par de metros de distancia. Pensé que esto sería una buena idea, porque me ahorraba tener que caminar hasta el grupo de contenedores que sin duda sería donde más ratas había. Pero no fue tan buena idea.

Según cayó la bolsa en el fondo del contendor, tres cachazo de ratas = mierdas con patas, salieron corriendo descontroladas desde debajo del mismo, espantadas por el golpe. Una iba tan descontrolada, que casi cruza por debajo de mis piernas. Afortunadamente en el último momento se desvió y continuó corriendo descontrolada hacia otra parte. No puedo señalar con exactitud hacia donde, porque yo ya estaba corriendo y saltando despavorido en pos de las escaleras, con un repelussss que te cagas!. Salté los peldaños de tres en tres… y por fín quedé a salvo un piso más arriba en el patio interior.

Por eso cuando anoche Emily se disponía a bajar la basura, se le podía notar cierto nerviosismo. James, otro compañero de piso, enseguida le advirtió de que había ratas. Ella ya lo sabía, y confesó que por eso estaba nerviosa. Me ofrecí a bajar la basura en su lugar y aunque al principio me dijo que no, dos minutos más tarde todavía no se había decido y finalmente vino a pedirme que la acompañara. Le dije que no hacía falta, que ya lo hacía yo y así lo hice momentos después. La operación fue similar a la vez anterior, pero esta vez iba calzado y no permanecí en el sótano más de tres segundos. Fue bajar, tirar la bolsa y echar a correr mientras veía ratas moverse por el rabillo del ojo.

Ya puedo declarar oficialmente que tengo miedo a las ratas!!