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Motos Varios Viajes

Madrid – Limerick, visitando Francia

Hola,

Parece que voy a sacar de nuevo mi weblog del coma para contar mi última peripecia…

Me he hecho un Madrid – Limerick en moto, en solitario, para hacer una estancia de investigación en Lero (universidad de Limerick).

Pues eso, que estoy escribiendo esto desde La República de Irlanda (Irlanda para los amigos, Éire en Irlandés). Concretamente desde Limerick, que será mi hogar hasta probablemente principios de Diciembre.

Tengo mucho que contar (para el que le interese) y pocas ganas de escribir, pero vamos a ver cómo sale 🙂

El día antes de mi partida, me llegaron a casa las maletas en las que pretendía meter todo mi equipaje. Unas Givi V-35 con las que ahora, a toro pasado, estoy muy contento. Porque al principio no me convencían mucho, la verdad. Aunque ha sido una sorpresa ver lo prácticas que me han resultado y lo bien que me vienen ahora, ya vacías, en mis trayectos por Limerick. Que compras nosequé, a la maleta, que no quieres llevar el casco en la mano cuando te bajas, a la maleta…

Eso si, la noche antes, mientras hacía el equipaje, me entraron los siete males, porque no cabía todo lo que quería llevar. Solución, mochila en el asiento del pasajero, debajo de la red y tapada con una bolsa de plástico cuando había agua… y tan ricamente oiga.

Día 28 de Agosto: Revisión en el taller, despedida de los amigos y compis de curro, equipaje y ala… a sobar (que casi no pude de los nervios 😉

29 Agosto: Madrid – San Sebastián (589 kms)

Mi primera etapa, estaba programada para llegar a San Sebastián (Donostia) a tiempo de visitarlo por la tarde y cenar por ahí tranquilamente.

El viaje fue más bien bueno. Eran mis primeros kilómetros haciendo mototurismo, ya que como muchos ya sabéis, hasta entonces todo lo que había hecho con mi moto (y con la anterior) era ir a currar, a recados y alguna pequeña escapada a la sierra de Madrid.

La sensación que tuve durante casi todo el tiempo fue genial. Buen tiempo, carreteras conocidas y paisajes familiares.

En la provincia de Burgos paré a echar gasolina.

—Yo también soy motero —me dice el dependiente (bastante mal alimentado y con pinta de yonki, por cierto).
—Ah si —le respondo— ¿qué moto tienes?.
—Una de campo, que había en casa de mi tío. Pero no sé la marca ni nada…
—Ah… pues genial ¿no?
—Si, a veces la traigo a trabajar y eso, pero hoy no. ¡Oye, por cierto! ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Claro, dime.
—¿Tu me recomiendas que me compre un casco?

o_O

—¿No tienes casco?
—No.
—Pues si, definitivamente te recomiendo que te compres un casco. Además, ¿No sabes que es ilegal ir en moto sin casco?
—Ah, ¿está prohibido?

O_o

—Pues si hombre si… está prohibido…

La conversación derivó en un diálogo de besugos digno del surrealismo más extremo, en el que me intentaba zafar de preguntas absurdas sobre los cascos, precios, tipos y procesos de fabricación. Conseguí marcharme antes de que me volviera loco.

Aparte de eso, todo estupendo. Hasta que llegué al País Vasco

A mitad de camino entre Burgos y Vitoria me empezó a llover, pero bien.

El espíritu motero se hizo más palpable que nunca en otra gasolinera en la que paré a repostar, cerca ya de San Sebastián. Había como unos 5 o 6 moteros refugiados en el techado de los surtidores y estábamos todos mojados y con esa mirada de cachorro asustado que se nos pone. Nos saludábamos sacudiendo la cabeza y parecíamos decirnos, —te comprendo amigo. —Además, ahí no había distinciones. Ni BMWs, ni Gore-Texes ni leches… estábamos todos hechos una sopa y punto.

Molaba 😛

A eso de las 17:30 (tras perderme una y mil veces), llegué a la pensión en la que había reservado habitación. Pensión Abeletxe, regentada por Edurne Pasaban (punta de lanza del alpinismo femenino mundial, ahí queda eso) en Zizurkil, encantador emplazamiento rural a 15 minutos de San Sebastián.

No tuve la oportunidad de conocer a Edurne. Una pena, con lo que a mi me hubiera gustado charlar un rato con una mujer de altura 😉 eh!! lo pilláis!! eh!! DE ALTURA!!! … me parto.

Bueno, sabed que la pensión está muy bien de precio (y la comida también) y que el trato es magnífico.

Me dí una ducha y deje secar un poco la ropa. Una hora más tarde, estaba visitando San Sebastián. Visita deslucida por la lluvia y por el cansancio que acumulaba ya. Aparte, que no lo llevaba muy preparado, la verdad. Así que básicamente me dí una vuelta por el centro, visité la playa de la Concha y el paseo marítimo nuevo.

La verdad es que ni hice muchas fotos, ni demasiado buenas. Pero San Sebastián está cerca. Siempre se puede volver un fin de semana 🙂

Tuve la oportunidad de ver un partido de pelota vasca en la calle, durante un rato que paró de llover. Cuando volvió a empezar… me tomé un chocolate con churros y tras deambular otro poco más, me marché al hotel.

Después de la cena y de leer un poquito, el día había terminado. La verdad, se hacía raro estar tan lejos de casa con la moto y sobre todo la idea de que al día siguiente lo estaría aun más, y al siguiente más… y así hasta a tomar por culo.

Dormí reguleras, pensando en el tiempo que haría al día siguiente e imaginando qué tal sería viajar por Francia.

La verdad es que ahora, echando la vista atrás, después de tantos días fuera, en solitario y a lomos de mi moto, aquel nerviosismo me parece lejano y ajeno. Como si ahora no pudiera volver a ocurrirme. Es curioso lo rápido que se curte uno con estas cositas 🙂

30 Agosto: San Sebastián – Tours (673 kms)

Me levanté pronto para ver un cielo, no despejado, pero si con mejor pinta que el día anterior. Sin lluvia, y con una luz más cálida, se me levantó mucho el ánimo al poder disfrutar de un estupendo paisaje mientras desayunaba en la terraza del hotel.

¿Qué más se podía pedir?

Pues lo que finalmente ocurrió a lo largo de la mañana. Que se abriera el día, para que me acompañara un espléndido sol en un cálido día en mi viaje hacia Tours, la Capital de los Castillos del Loira .

Tras una parada técnica en Irún, para visitar un cajero y buscar (sin éxito) un traje de agua (que todavía no tengo). Emprendí camino por las autovías del sur de Francia.

En realidad, el día no tuvo nada de especial (aparte de un sol radiante). Tan solo comentar que el trayecto fue aburrido, las carreteras tienen laaaaaaaaaaaargas rectas en esta región, así que me hice un shut up and drive.

Mención especial para las clavadas en los continuos peajes. No me pilló de sorpresa, porque ya me había informado, pero jode lo mismo. Lo único que parecía compensarlo es que a medida que avanzaba, la chica de la garita era cada vez más mona 😉

Cuando llegué a Tours, a eso de las 18:00 creo recordar, dí un par de vueltas para descubrir una bonita ciudad a orillas del Loira, con muchos vestigios medievales y muy buen ambiente.

En la Oficina de Turismo, me ayudaron (en un español bastante aceptable, por cierto) a planear mis visitas del día siguiente y a encontrar un pequeño hotel para la noche. Por 24€, dormiría en el centro y el dueño, me dejó meter la moto en el jardín. Aunque para nada, parecía una zona problemática. Por cierto, más tarde descubrí que el hotel estaba recomendado en las guías Routard desde 1995 a 2007.

Me pegué una ducha y salí a dar un paseo, con la esperanza de que la poca luz que quedaba me dejara hacer algunas fotos, que como podéis ver, no es mi fuerte. Hago pocas y no muy buenas 😛

Cené en una de las calles con más ambiente de Tours, con gente por todas partes y las terrazas a rebosar. Un sitio un poco carete, pero no estuvo mal. Hablé francés inventado sobre la marcha con el camarero, que no sabía inglés y me sorprendió lo bien que funcionó… 😛

Dormí estupendamente. Al día siguiente tenía planeado visitar algunos castillos del Valle del Loira. Pero no tenía demasiado tiempo, así que escogí dos: Amboise y Chenonceau.

31 Agosto: Tours – Amboise – Chenonceau – Blois – París (316 kms)

Amaneció un día un poco gris, pero seguía sin llover.

De hecho, sigue sin llover. En todo mi trayecto por Francia, he tenido días grises, pero no me cayó ni una gota de agua. Aunque lo más extraño, es que en Irlanda, tampoco he visto llover todavía. En realidad, ha hecho un tiempo estupendo desde que estoy aquí, solo anoche chispeó un poco. Aunque por lo que dicen, tengo asumido que me hartaré de lluvia en breve.

Escogí una pequeña carretera que serpentea a lo largo del Loira, para llegar hasta Amboise, precioso pueblo a orillas del río, que fue hogar durante tres años de Leonardo Da Vinci y en cuyo castillo fue enterrado.

Tras una pequeña vuelta de reconocimiento, fui a visitar el castillo.

Decidí dejar para otra ocasión (¿quién sabe?) la casa de Da Vinci, que también se podía visitar. Pero no tenía tiempo.

Al final, el hecho de llevar una mochila, le quitó toda la gracia a las maletas duras. Tenía que estar pendiente del equipaje de todas maneras, cuando me bajaba de la moto. Ahora me acuerdo de los sabios consejos de los colegas del foro de Kawaner6s, más de uno me recomendó que pillara baúl también 😛

Pero bueno, me apañé bien. En Amboise, por ejemplo, me compré un helado y le dije a la dependienta de la heladería que le echara un ojo a la moto y se la dejé aparcada en frente. En otros sitios, hacía algo parecido o dejaba las cosas en la recepción del museo o lo que fuera. No fue un problema.

La verdad es que el castillo de Aboise… no me impresionó demasiado. No es que no fuera bonito, que lo era… igual era el día gris, no lo se. Pero el caso es que la visita me resultó aburridilla.

Todo lo contrario en el castillo de Chenonceau, a unos 10 kms de Amboise.

La verdad es que me gustó mucho más. Estuve mucho tiempo en este otro, los jardines eran preciosos y el día había mejorado basntante. Así que paseé a gusto.

Las visitas eran carillas. Cerca de los 10€ cada castillo, si mal no recuerdo. En Amboise no podías hacer fotos del interior, pero en Chenonceaux si. En el interior del los dos castillos, se exponían los muebles, pinturas y tapices originales, Que la verdad, estaban en un muy buen estado de conservación y eran muy entretenidos de ver.

El castillo de Chenonceau, era mucho más pequeño originalmente. Las galerías (2, una encima de otra) que discurren a través del río Cher (afluente del Loira), fueron construidas sobre un puente ya existente. En el momento de mi visita, en la galería superior había una exposición de pintura, mientras que la galería inferior daba acceso a la otra orilla del río.

Resulta curioso descubrir que durante la primera guerra mundial, el castillo entero sirvió de hospital y que en la segunda guerra mundial, fue durante un tiempo usado por la resistencia francesa para para escapar de la zona ocupada por los Nazis, hacia la zona libre de Vichy, en la otra orilla del Cher.

Salí hacia Blois, parando en Montrichard para comer.

A lo largo del camino, empecé a encontrar bastantes moteros. Sobre todo parejas, en motos de gran turismo (o similares). Nos saludábamos en la carretera o intercambiaba con ellos unas palabras si nos veíamos en algún parking. También los encontraba en las visitas que hacía. Era fácil reconocernos. Si ves a alguien vestido de cordura en un castillo del Loira… o es un power ranger, o es un motero. Sobre todo vi alemanes, y dos parejas de austríacos en Chenonceau.

No es que hasta entonces no hubiera visto moteros. Pero creo que a partir de este día, vi más que hasta entonces. La zona del valle del Loira, estaba plagadita y luego más tarde en Normandía, también vi bastantes.

Rodé los últimos kilómetros hacia Blois, en grupo con otros tres tipos, cada uno en una V-Strom 1000, con matrícula inglesa. Nos hicimos señas al separarnos, porque ellos no entraron en la ciudad.

Y yo, pues entré pero estuve poco tiempo, porque todavía tenía que llegar a París y encontrar la casa de mi amiga Ruth, y no quería que se me hiciera de noche. Ni siquiera hice fotos. Estuve merodeando un poco por los alrededores del castillo y poco más.

La llegada a París, fue un poco odisea la verdad. La entrada a la ciudad, era un caos de tráfico. De hecho, desde bastante lejos, había un embotellamiento (bouchon) considerable. En un primer momento pensé que no podría pasar entre los coches con las maletas y viendo la larguísima cola de coches totalmente parados (velocidad 0, gente fuera de los mismos) me temí lo peor.

Pero en realidad, no fue así. Incluso con las maletas, se puede ir bastante bien entre coches con la Versys. Al menos en las autopistas francesas, que juraría yo, tienen los carriles un pelo más anchos que las españolas.

Además, la gente hacía por dejarte pasar, clarísimamente. Sobre todo los camioneros, que estaban muy pendientes del retrovisor.

A medida que me acercaba a París, dejando cientos y cientos de coches clavados, iba viendo más motos. Hasta el punto que tenía que dejar paso a motos que venían detrás, serpenteando entre coches, como yo.

En Francia, cuando te cruzas con un motero, le saludas como en España, mano izquierda y deditos en V. Pero cuando alguien te deja pasar, y en lugar de cruzártelo lo que haces es adelantarlo, entonces para agradecérselo, sacas la pierna. Esto es: descuelgas la pierna que quede en su ángulo de visión, sacándola de la estribera un momento, como dando una patada al aire. Esto es saludo motero obligado si pasas a una moto. Si pasas a un coche, ya depende de si el coche ha hecho algo por facilitarte el adelantamiento… o no.

Otra cosa que observé durante los aproximadamente 12 kms (operación retorno) de embotellamiento que me hice entre carriles (lane splitting), es que la mayoría de las motos llevaban las luces de emergencia puestas (los cuatro intermitentes). Las que no las tenían, llevaban al menos el intermitente de un lado puesto.

Yo esto ya lo había visto hacer en Madrid y no creo que sea legal. Pero desde luego me parece muy útil en un embotellamiento o en situaciones de tráfico denso en las que vas entre coches. Sirve para que te vean más fácilmente y yo desde luego, lo voy a hacer siempre que me parezca oportuno.

Una vez en París, perdí muchísimo tiempo buscando la casa de mi amiga Ruth, que amablemente me había ofrecido cobijo. Al final, preguntando preguntando, llegué a mi destino. En el corazón del barrio de Ménilmontant. Bastante cutre, la verdad.

Ruth, que es un sol y que estaba en París estudiando francés, había previsto que guardara la moto en un patio que había en su edificio, a salvo de maleantes. Allí se quedó esa noche, mientras nos fuimos a cenar y allí permaneció todo el día siguiente. Porque me quedé dos noches en París.

1 Septiembre: París – París (0 kms)

Un gustazo estar con gente que te cuida cuando llevas tanta tralla.

Ruth me dejó dormir hasta tarde, me hizo tortilla de patatas y me llevó de paseo por París. Además, organizó una fiesta para esa noche, en la que conocí un montón de gente muy agradable.

Desde aquí le mando a Ruth un abrazo muy fuerte y mi agradecimiento…

Ruth guapa!! Gracias!!

… y deja de inventarte los nombres de los monumentos 😛

Bueno, no me las quiero dar de viajao, pero ya había estado en París un par de veces antes y aunque siempre es bonito visitar una ciudad como esta, lo cierto es que nos lo tomamos de tranquis y básicamente lo que hicimos fue caminar desde Notre-Dame, pasando por el Pont Neuf, El Louvre, Las Tullerías, La Plaza de la Concordia y luego derechito por Los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo.

Caminando por Las Tullerías, nos topamos con un rodaje. Reconocimos al director, que resultó ser Night Shyamalan, famoso por El Sexto Sentido (entre otras), que resulta que está rodando su próxima película, The Happening.

Caminamos hasta nuestro destino, El Arco del Triunfo, un heladito… y luego de vuelta a casa.

Muy cerca ya de casa de Ruth, llegamos a tiempo de ver la puesta de sol desde el Parque de Belleville, que tiene un mirador precisamente famoso por eso, por ofrecer una magnífica vista de la ciudad al atardecer.

Y por la noche fiesta con los amigos de Ruth… 😛

2 Septiembre: París – Colleville-Sur-Mer (298 kms)

Aguantaba sin llover, pero amanecía un día gris. De todas maneras, la temperatura era buena.

Todavía en casa de Ruth, durante el desayuno, buscamos por internet una Gîte en algún pueblo cerca de Bayeux. El plan original era dormir en Caen, en un Formula1 o lo que encontrara. Pero ¿porqué dormir en un Formula1 si puedes dormir en una Gîte en algún pueblo cerca de las playas del desembarco?

Una Gîte es como un Bed&Breakfast pero a la francesa. Es lo que en España llamaríamos una casa rural, en la que por un precio bastante bueno (36€ en este caso) te dan una habitación con baño y todas las comodidades, más un desayuno el día siguiente.

Bueno, pues reservé habitación en La Ferme du Clos Tassin (lo que quiera que sea que signifique eso) en Colleville-Sur-Mer, ni más ni menos.

La salida de París fue sorprendentemente fácil, gracias a que lo estudié concienzudamente en casa de Ruth. El viaje fue aburrido y amenazando lluvia, pero a eso de las 17:00 ya estaba allí.

La casa rural fue todo un acierto, pero no una casualidad. Colleville-Sur-Mer, fue uno de los pueblos protagonistas del desembarco aliado en Normandía. No todos los días puede uno dormir a 500 metros de la playa de Omaha, donde las tropas americanas encontraron la mayor resistencia alemana de todos los puntos de desembarco del Día-D, y donde el número de pérdidas humanas ascendió a 4.200, 3.000 americanos y 1.200 alemanes.

No en vano Los Estados Unidos decidieron establecer aquí el cementerio y memorial americano, que todos los que hayáis visto la grandísima Salvad al Soldado Ryan, recordaréis.

Joder, todavía se me pone la carne de gallina escribiendo esto. Estaba en el epicentro del escenario de uno de los momentos cruciales de la historia contemporánea.

Mi llegada fue cuando menos, curiosa. Irrumpí en el jardín del sitio este, atronando con el motor de mi bicilíndrica y vestido de power ranger, donde la dueña y unos amigos (todos ellos cercanos al ocaso de sus vidas) estaban echando una partida de scrabble. Una de las mujeres, se levantó y corrió a esconderse. El resto esperó a que me acercara.

Tuve suerte, había una pareja que hablaba Inglés. Ella era francesa, amiga de la dueña, y me hizo de intérprete. El hombre era de Arizona. La dueña del sito enseguida me dio mala espina. Era estirada y luego pude comprobar que bastante cotilla, pesada y algo infantil también.

Me preguntaron si me quedaría a cenar. No había visto muchos sitios abiertos alrededor y además, sabía que allí se cenaba y se cerraba pronto. Así que decidí quedarme allí. La cena sería a las 19:30. Me dí un baño relajante en una habitación muy acogedora, y la verdad es que daba gusto estar en un sitio así, en el que veías esto si mirabas por la ventana:

Todavía me quedaba una hora para que comenzara una de las cenas más curiosas que he tenido nunca, así que bajé a la playa dando un paseo. No podía esperar.

No tuve tiempo más que de hacer unas pocas fotos y tengo que reconocer, que da cosilla estar en un sitio así. Yo por lo menos, tuve un rato de recogimiento bastante sentimentaloide. Pensar la de vidas humanas que se entregaron allí. Jóvenes, incluso bastante más de lo que yo lo soy ahora, sacrificándose por el ansia de poder de unos pocos. La verdad es que da mucho que pensar.

De vuelta a la casa rural, la cena fue bastante curiosa. Se reunían allí 4 matrimonios franceses. Dos matrimonios viajaban juntos. Eran de mediana edad y tenían pinta de chorrear dinero. Otro de los matrimonios era más modesto, también de mediana edad, ella y él se sentaban frente a mi. A mi derecha tenía un matrimonio bastante mayor. Él se sentó a mi lado y ella en frente.

La dueña de la casa me presentó como el Monsieur Espagnol de la moto y desde ese momento pasé a ser el mono de feria oficial de la cena.

Nadie sabía hablar inglés o español, pero todo el mundo estaba interesadísimo en que le contara cosas sobre el viaje, lo que iba a hacer en Irlanda y porqué tenía tanto pelo.

La verdad, se me hizo pesado. Si no llega a ser por el viejete, que no paraba de darme sidra y por la señora del matrimonio que tenía delante, que era muy maja… hubiera sido un auténtico coñazo. Porque los cuatro pijazos eran inaguantables.

Para poner la guinda estaba la pesadez hecha persona, que era la dueña de la casa, que no paraba de revolotear y hacerse notar.

La comida no estuvo mal, incluía distintas exquisiteces de la zona, casi todo tenía que ver con las manzanas ahí. Ensalada, paté, pato asado con guarnición de manzanas, licor de manzana, sidra, tarta de manzana y cafelito… en fin. Muy rico todo, pero acabé un poco enmanzanado (+19€ en la cuenta final).

3 Septiembre: Colleville-Sur-Mer – Caen – Ouistreham – Corseulles-Sur-Mer – Arromanches – Longues-Sur-Mer – Colleville-Sur-Mer (239 kms)

A las 8:30 ya estaba desayunando. Mi plan original, en Madrid era visitar lo que pudiera de las playas del Día-D ese día (3 Sept.), y esa noche, dormir en Cherburgo, donde el día siguiente (4 Sept.) tenía que coger el ferry.

Pero enseguida me dí cuenta de que un día no sería ni mucho menos suficiente. Además, estaba cerca de Cherburgo, si tenía cuidado, podía hacer turismo el día 3, dormir otra vez en Colleville-Sur-Mer y seguir haciendo turismo el mismo día 4, de camino al ferry.

Así lo hice. Reservé una noche más y me marché a visitar el Memorial de Caen, después de dar una vueltecilla por la ciudad.

Mi amigo Marcos, que había hecho un viaje parecido antes, me recomendó que si no tenía tiempo, pasara del resto de museos y no me perdiera el Memorial de Caen.

Tenía razón.

Sencillamente impresionante. La entrada era algo cara, creo recordar que 14€, pero fue sin duda una de las visitas más interesantes de mi viaje. A las 10:30 ya estaba caminando por los pasillos del museo y estuve ahí hasta las 15:00, ¡casi 5 horas! Y me dejé cosas sin ver.

De todos modos, no podía estar mucho más tiempo o no podría visitar las playas del desembarco.

Una réplica a tamaño real del Hawker Typhoon, bombardero inglés, pieza clave en la batalla de Normandía, preside el vestíbulo principal del museo.

El museo, es toda una joya. Consta de 19 secciones:

De la 1 a la 6, dedicadas a la segunda guerra mundial.

Entre la 7 y la 12, se habla de la guerra fría. Muy interesante, de veras. Es un periodo de la historia del que no conocía tanto como creía y me han quedado ganas de leer más sobre el tema.

Las últimas hasta la 19, están dedicadas a la paz. Además, hay diferentes jardines alrededor del edificio, en memoria de las diferentes naciones que combatieron en la segunda guerra mundial.

Aquí os pongo unas cuantas fotos:

Francia en la ocupación. Toda una galería dedicada a la resistencia y a la vida de aquellos años oscuros. Laval au Poteau, a la basura con Pierre Laval: político francés, cuatro veces primer ministro y un gran colaboracionista durante la ocupación Nazi. Fue finalmente ejecutado en 1945, tras ser juzgado por alta traición.

El museo entero está lleno de objetos de todo tipo recuperados de los campos de batalla. Incluido vehículos y armamento.

La máquina Enigma, era utilizada por los Nazis para cifrar mensajes. De no haber sido capaces los aliados de descifrar algunos de estos mensajes, gracias a la intervención de científicos polacos, la guerra hubiera seguido un curso muy diferente sin duda.

Ya en la zona dedicada a la guerra fría, se puede encontrar una réplica de un MIG-21 ruso.

Incluso hay una réplica de un modelo de bomba de hidrógeno. Una de las armas nucleares más populares de la guerra fría. Por supuesto, el museo cuenta con una exposición detallada, con fotos y documentos relativos a los lanzamientos sobre Hiroshima y Nagasaki. Escalofriante.

Saliendo del edificio principal del museo, se puede acceder a los diferentes jardines dedicados a los caídos de las naciones participantes en la segunda guerra mundial.

Esta escultura de una pistola con el cañón hecho un nudo, fue creada por Fredrik Reuterswärd. Existe otra igual, en la sede de las naciones unidas en Nueva York.

Debajo del edificio principal del museo, en unas galerías fortificadas, que sirvieron de cuartel general en Caen a los Nazis, hay ahora una exposición dedicada a los Premios Nobel de la Paz. Incluso puede verse el testamento original que Alfred Nobel, elaboró, destinando su fortuna a la fundación de los premios Nobel.

Los jardines del museo. Un memorial americano, en forma de cascada que simboliza el fluir de la sangre en sacrificio por la libertad. En la pared hay una placa conmemorativa enviada por cada uno de los estados de la unión.

Además, en el memorial se puede ver una película genial, pero genial genial… (hay más, pero esta se sale). De título D Day, la película recrea el Día-D (a partir de imágenes originales) desde unas horas antes del desembarco hasta que las tropas aliadas hacen retroceder a los alemanes. Lo curioso, es que dividen la pantalla en dos. A la izquierda ves al bando aliado y a la derecha ves el bando alemán. Creo que es un muy buen documento y me gustó mucho.

Me dejo mil cosas, pero no me voy a enrollar más con el museo. Si os gusta, vais a verlo 🙂

A la tarde todavía le quedaban muchas horas de sol, eran poco más de las 15:00. Además, el cielo se estaba clareando. Así que me dispuse a comenzar mi visita a las playas del desembarco.

Digamos que lo interesante del desembarco, se encuentra entre las poblaciones costeras de Merville-Franceville y Cherburgo, a lo largo de toda la costa de Normandía. Lo suyo es recorrer la costa por la carretera D514 de Este a Oeste. De manera que se visitan las playas de Sword (Británica), Juno (Canadiense), Gold (Británica), Omaha (Americana) y Utha (Americana) en ese orden. Como podéis ver en este mapa.

Yo no tenía tiempo para hacerlo todo entero. Elegía sobre la marcha dónde quería pararme y donde no.

Empecé en Ouistreham. Primer error, porque me dejé sin ver el Puente Pegaso, un poco más al este. Pero bueno… no se puede hacer todo 🙂

Iglesia en Ouistreham.

Volley playa en la playa de Sword.

Vehículos y armamento en un museo instalado en un puesto de dirección de tiro alemán, que por cierto, estaba en un estado de conservación excelente. Se podía visitar por dentro pero… iba con la hora pegada al culo, para variar.

Ya en la playa de Juno, en la zona canadiense. Donde deambulé un rato por los alrededores del Centre Juno Beach, memorial canadiense, en Corseulles-Sur-Mer.

En frente a la entrada, un templete hecho con piedras, testigo del recuerdo de los visitantes.

La bestia de la siguiente imagen, tiene un motor bicilíndico de 650 cc. que le proporciona 64 briosos caballos de inconmensurable potencia. Con sistema de refrigeración líquida, este vehículo, alcanzaba fácilmente los 180 kilómetros por hora, haciendo sencillo llegar a los puntos más recónditos del norte de Francia…

… y al lado, hay un tanque 😛

Este monumento, me impresionó mucho. La verdad es que esta misma columna, puede encontrarse en muchos sitios a lo largo de las playas del desembarco. Pero eso no hace que deje de ser especial. Apareció detrás de una duna, según caminaba internándome en la playa… ¿y qué queréis que os diga? Me pareció épico. Tuve momento carne de gallina otra vez.

A lo largo de la playa de Juno, como en prácticamente cualquier sitio en que te pararas, podían verse vestigios de la guerra. Búnkeres, placas conmemorativas, pequeños museos, tanques…

Con una tarde estupenda y una carretera preciosa recorriendo la playa, continué dirección a Arromanches.

En Arromanches, los aliados colocaron uno de los dos puertos artificiales que se establecieron en Normandía, después del desembarco. El otro estuvo en la playa de Omaha, pero de este de Arromanches, ya en la playa de Gold, todavía se conservan unos cuantos pedazos.

La invasión necesitaría un puerto para la introducción de suministros a gran escala. Así que los aliados construyeron unas plataformas de cemento que fueron remolcadas a través del Canal de la Mancha y posteriormente hundidas para formar la línea perimetral del puerto artificial. Veinte de las 115 piezas originales todavía desafían el oleaje.

Una vista de algunos restos, desde más cerca de la playa.

Este soy yo, posando vestido de power ranger al lado del museo del desembarco de Arromanches, que tampoco pude visitar, porque ya estaba cerrado.

Se hacía tarde y el sol comenzaba a ocultarse. Me apresuré a la que sería mi última parada del día, antes de volver a Colleville-Sur-Mer para cenar (esta vez en el restaurante de un camping cercano, en el que servían la cena más tarde que en la casa donde me hospedaba).

Llegué a tiempo de ver la batería de cañones alemanes de Longues-Sur-Mer, junto a una estupenda puesta de sol.

Es la única batería costera que conserva los cañones.

Resulta impresionante ver lo que fue tan solo una pieza más del Muro Atlántico. Los alemanes dotaron la zona costera del Canal de la Mancha de todo tipo de búnkeres, trincheras, fortificaciones, túneles y cañones. En total, 11 millones de toneladas de hormigón y un millón de toneladas de acero, dando forma a 15.000 edificios.

Otra toma más de los restos del puerto artificial de la playa de Gold. Esta vez, desde un caminillo que bajaba desde la batería de Longues-Sur-Mer hasta la misma playa.

Otra fotillo de Rafa 😛

Para terminar el día, recorrí los pocos kilómetros que me faltaban hasta Colleville-Sur-Mer, con una tenue luz de atardecer, una temperatura estupenda y una carretera divertida y pintoresca que discurre entre pueblos encantadores y campos de trigo.

Este final de tarde amigos… fue de los mejores momentos que recuerdo de este viaje 😀

4 Septiembre: Colleville-Sur-Mer – Pointe-Du-Hoc – La Cambe – Sainte-Mère-Église – Cherburgo (130 kms)

El día comenzó temprano. Desayuné con toda la patulea esta que poblaba la casa rural. Pero esta vez el matrimonio que hablaba inglés estaba allí también. Así que pude hablar con alguien un rato de manera coherente. Sobre todo con la mujer del matrimonio, que era muy agradable.

Resultó curioso cómo la señora que se sentaba delante de mi, se sorprendió mucho de que hablara inglés. Para ella yo era como una especie de indígena con el que sólo había podido comunicarse por señas. Era como ver hablar a un perro. Entendí que le comentaba a mi interlocutora algo así como —Qué bien habla inglés el mosieur espagnol ¿no? —Mi interlocutora me tradujo, pero yo ya había entendido.— Parece muy inteligente —le dijo después.

Justo. Como si fuera un perrillo. Mi sensación de mono de feria del día de la cena se ratificó.

Para poner la guinda, una de las mujeres pijazas, le pidió a la señora que hablaba inglés, que le hiciera de intérprete para preguntarme porqué si era capaz de hablar inglés, no había aprendido francés, que Francia está más cerca de España. Me quedé sin palabras… pero la mujer que traducía intervino por mi. —El ya habla inglés y con eso se apaña por ahí, pero vosotros no habéis aprendido ni español ni inglés. Además, España está tan cerca de Francia como Francia de España.

Fue muy agradable esta señora conmigo. Le dejé mi mochila mientras visitaba el cementerio americano, que estaba allí mismo. Luego me dí cuenta de que me había metido una nota entrañable dentro, deseándome buen viaje. Lacrimógeno.

Para que luego digan que los franceses son bordes. No lo son, son como el resto de la gente. Los hay idiotas y los hay encantadores 🙂

Bueno, comenzó mi último día de turismo con la visita al Memorial Americano de Colleville-Sur-Mer.

Estaba ansioso, la verdad. No penséis que de un modo morboso, pero me emocionaba la idea de visitar un sitio como este. Desde el mayor de los respetos, por supuesto, pero sabía que este era uno de los momentos que más había esperado durante el viaje.

La entrada era, por supuesto, gratuita. Pero este mismo verano habían inaugurado un centro de visitantes, con exposiciones y proyecciones de algunas películas. Así que decidí empezar por ahí.

Las medidas de seguridad para entrar en el centro de visitantes rayaban el absurdo. Tal vez era mi parafernalia de motorista, o que era de los primeros en llegar cuando abrieron y estaban aburridos, pero me hicieron un cacheo bastante exhaustivo.

Veréis, le pedí a la chica del mostrador de información que me guardara el casco, así por lo bajinis. Al principio iba a acceder. Pero luego dudó un momento.
—Tengo que consultar a seguridad. —Me dice. Bueno, espero mientras llama a alguien por teléfono. Al rato se presenta un guarda de seguridad (americano, no francés) que me mira de arriba a abajo.
—¿Qué pasa? —pregunta.
—Este chico que me pide si puede dejar el casco aquí. —dice la chica del mostrador.
—Tengo que consultarlo. —dice el guarda, y acto seguido habla por radio.
—No, no puede.
—¿No puedo?
—Lo siento, no se puede.
—Oiga, es solo un casco, ¿no le importaría guardarlo solo por esta vez? —En este momento el guarda podría simplemente haber dicho,— no, lo siento —y yo me habría dado por satisfecho. Pero no dijo eso.
—Podría ser una bomba —me suelta. La chica del mostrador se queda ojiplática y cuando la miro, tiene que darse la vuelta para no reírse.

En fin…

Mi visita comenzó por el susodicho centro de visitantes.

La verdad, estaba todo muy nuevo y muy bien. Pero habiendo estado en el memorial en Caen… la exposición que tienen aquí, pues, no es por desmerecerla, pero no es gran cosa. Aunque tampoco está mal. Tienen algunos objetos curiosos recuperados de los campos de batalla.

A destacar por ejemplo, un Rupert.

Un Rupert es un monigote paracaidista. Se dejaban caer para despistar al enemigo y entre otros señuelos, llevaban consigo un aparato que emitía sonidos de batalla, para confundir aun más.

Ambos bandos utilizaron en algún momento de la segunda guerra mundial esta táctica, aunque los primeros fueron los alemanes en 1940 en África. Los aliados sacaron gran provecho de ella, horas antes del desembarco de Normandía.

Otra curiosidad que me encontré en la exposición del centro de visitantes, es una placa contando la historia del los hermanos Nilan.

Resulta, que la historia de estos cuatro soldados, sirvió de base para el guión de la película Salvad al soldado Ryan.

Los Nilan eran cuatro hermanos. En poco tiempo, dos de ellos murieron en Normandía y un tercero resultó desaparecido en El Pacífico. Este último apareció más tarde, estuvo un año en un campo de prisioneros de guerra. Pero durante un tiempo, se le dio por muerto. Fue entonces cuando decidieron mandar a casa al único que quedaba vivo, Fritz Nilan, que al principio se resistió a dejar el frente. Pero finalmente accedió.

Aunque eso si, no hubo que hacer una misión de búsqueda para encontrarlo. En eso, la película es diferente. Pero es que si le quitas eso, te quedas sin película.

Después de pasar un rato viendo la exposición. Decidí pasear por el cementerio propiamente dicho.

Hice un montón de fotos. Todas me salían más o menos iguales. Hacía tantas, porque no conseguía captar lo que quería.

Pronto me dí cuenta, de que lo que quería captar, no se puede fotografiar. Así que me dediqué a pasear durante el resto de mi visita.

El cementerio está situado en un acantilado que asoma a la playa de Omaha. Se extiende a lo largo de 700.000 metros cuadrados y tiene 9.387 tumbas, las cuales están de cara al este, hacia los estados unidos.

Pasé otro ratito en la playa. Ya la había visto, pero esta vez hacía mejor tiempo. Así que aproveché para echar unas pocas fotos, antes de marcharme a Pointe-Du-Hoc. Me quedaban algunas cosillas por ver, como este monumento a la Big Red One, la Primera División de Infantería de los Estados Unidos.

Estupendo paseo con un magnífico y resplandeciente sol y una temperatura agradable, hasta Pointe-Du-Hoc, donde por cierto, la mujer del puesto de información si me guardó el casco y la chaqueta (hacía mucho calor). Me confesó que ella también había sido motera en sus tiempos 😉

En Pointe-Du-Hoc, los alemanes tenían una batería de cañones, parte del Muro Atlántico. El lugar, estaba situado entre las playas de Utah y Omaha y los cañones eran capaces de disparar en ambas direcciones, dificultando doblemente el desembarco aliado.

Los continuos bombardeos aliados, previos al asalto, no fueron suficientes para mermar el poderío alemán en este punto. Así que El Segundo Batallón de los Rangers de Estados Unidos recibió la orden de escalar (si, si… escalar) los acantilados, bajo continuo fuego enemigo y tomar la posición.

Parte de esto, puede verse en la película D Day en el memorial de Caen, y sinceramente. Se queda uno sin palabras. Es asombroso.

Me pregunto de donde sacarían las fuerzas para escalar un acantilado de 30 metros mientras las balas te pasan silbando.

El lugar se visita desde lo alto del acantilado, donde los alemanes estaban asentados. Los bombardeos aliados fueron intensos y en toda la explanada se pueden ver que los agujeros que hicieron las bombas, todavía permanecen.

La batería de cañones estaba protegida, como casi todas, por fortificaciones de hormigón. El Día-D, corrió el rumor de que los cañones de Pointe-Du-Hoc habían desaparecido. Esto no era así. Lo que ocurrió, es que los alemanes, temerosos de los bombardeos, movieron las piezas de artillería algo más de un kilómetro hacia el interior.

El 40 aniversario del Día-D, en 1984, Ronald Reagan dio un discurso conmemorativo en Pointe-Du-Hoc:

The Rangers looked up and saw the enemy soldiers–the edge of the cliffs shooting down at them with machine guns and throwing grenades. And the American Rangers began to climb. They shot rope ladders over the face of these cliffs and began to pull themselves up. When one Ranger fell, another would take his place. When one rope was cut, a Ranger would grab another and begin his climb again. They climbed, shot back, and held their footing. Soon, one by one, the Rangers pulled themselves over the top, and in seizing the firm land at the top of these cliffs, they began to seize back the continent of Europe. Two hundred and twenty-five came here. After two days of fighting, only 90 could still bear arms.

Escalofriante.

En cualquier caso. Mi siguiente destino estaba cerca, hacia el interior. El cementerio alemán de La Cambe.

El cementerio alemán de La Cambe, fue inaugurado en 1961. Alberga tumbas de soldados alemanes que murieron en diversas partes de Normandía y el resto del norte de Francia. Durante años, se organizaron convivencias para adolescentes en las que entre otras cosas, se trabajaba en las tareas de traslado de cuerpos.

El cementerio de La Cambe, alberga los restos de 21.222 soldados, enterrados por grupos, bajo cinco cruces negras.

Creedme, resulta impresionante.

Se iba haciendo tarde, y no quería perder el ferry, así que durante el resto del trayecto, mis paradas fueron más cortas y en el camino era menos contemplativo 🙂

Tuve tiempo de pasar por Carentan, para tirar unas pocas fotos, y por supuesto, para sentir las vibraciones del lugar donde comenzó a fraguarse la leyenda de la 101 Aerotransportada. Los que hayáis visto Band of Brothers, sabréis a qué me refiero. Los que no la hayáis visto, conseguidla ya.

Mi último contacto turístico con el norte de Francia, sería la comida en Sainte-Mère-Église.

Este pueblo es famoso por ser escenario de la llegada de paracaidistas americanos durante el desembarco. Pero también por la historia del paracaidista John Steele, que aparece en la película El Día Más Largo.

Resulta que John Steele, se quedó colgado de la torre de la iglesia. Desde ahí arriba, fue testigo de la sangrienta batalla, pero al mismo tiempo, estuvo a salvo haciéndose el muerto hasta que fue capturado.

Como podéis ver, en la iglesia todavía tienen un maniquí colgando de un paracaídas rememorando la anécdota 😛

A John Steele, lo liberaron poco después. Tuvo suerte. Muchos de los paracaidistas que se lanzaron a la batalla aquella noche, tuvieron la mala fortuna de aterrizar en un edificio en llamas o quedar colgados de un árbol, a merced del enemigo.

También resulta curioso observar las vidrieras de la iglesia. Hay dos vidrieras dedicadas a la intervención de los paracaidistas. En esta, se puede ver claramente como los soldados caen del cielo para salvar a la Virgen María. Asombroso.

En la plaza del pueblo, en frente de la iglesia, tuve la oportunidad de charlar un rato con un grupo de unos 6 o 7 moteros ingleses. Les gustó la Versys. Era la primera que veían una en persona 😛

Después, comida al sol en una terracita y rumbo a Cherburgo, donde no visitaría nada. Llegué con el tiempo justo de coger el Ferry 🙁

Irlanda me esperaba.

5 Septiembre: Rosslare – Limerick (200 kms)

Poco que contar de este día. Primer paso en Irlanda. Día gris, pero sin lluvia. Me llevó unas 2 horas y 40 minutos alcanzar mi destino.

Conducir por la izquierda no supone un gran reto en la carretera. Pero desde luego si que mosquea en las ciudades 😛

Aquí, las carreteras no son muy buenas y hay alguna que otra peculiaridad. Ya os iré contando…

Lo perteneciente a Irlanda ya lo pondré en otras entradas. En esta solo quería hablar del viaje 🙂

Bueno, creo que eso es todo de momento. 2445 kilómetros, no está mal para mi primer viaje en moto eh 😉

Tendréis noticias mías a partir de ahora. Pero hasta ahora no he hecho gran cosa por aquí todavía. He estado ocupado buscado casa y ya estoy más o menos ubicado. Mi intención es salir con la moto algún fin de semana, así que iré poniendo por aquí mis viajes.

Hasta entonces, un abrazaco muy grande 😉

Vsssssssssssssssssssss