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Humor Motos Varios

Un día en las carreras

Holaca!

¿Pensábais que ya estaba todo dicho? Pues no. A petición popular, creo que voy a retomar esto del weblog. Amos padentro…

Como saben ya becarios, profesores y demás chusma de GSyC, Victor ha adquirido recientemente una flamante motocicleta de segunda mano, con lo que entra en el selecto club de… eeh… bfff… ¡personas que tienen una moto! ¡ooooooeeeeeee oooooeeeee ooeeeeooooo!

Durante el proceso de obtención de su permiso (que Victor tendrá como un mes de carné ahora) y mientras se decidía por una moto, Victor y yo hemos comentado mucho y hablado de que si el examen era así, de que si las motos son asá y otros muchos temas que incumben a la audiencia motera. Muchos tan profundos y específicos como que si el cuero es de macarras o de moteros clásicos, si el medio carenado es más molón que el carenado entero, si “se vale” hacer uves y ráfagas desde un escúter, esas cosas realmente importantes.

Yo sabía que los modelos de moto que le interesaban a Victor eran ya potentillos, importantes, de bastante cilindrada y muy molones. De hecho, había visto fotos de la moto que finalmente había escogido y tenía una pinta estupenda. Pero una cosa es ver fotos y otra muy distinta es llegar y ver esto encadenado a una farola del parking del departamental:

Si no me equivoco, es una Suzuki SV650 de 2004.

Según llegué, pasé muy despacito por su lado para verla bien, aparqué a Victoria unos metros más allá (mirando hacia otro lado para que no se acomplejara) y le eché otro vistazo a pie. Pensé -no está mal- y subí al departamental. Al pasar por el despacho de Victor, le di la enhorabuena por la adquisición y tras unos minutillos de charleta empezamos a bromear sobre cambiarnos la moto un rato más tarde. Como Victor es así de majo, así lo hicimos. En un ratillo muerto esa misma tarde y justo antes de que el se marchara bajamos al parking, dispuestos a dar una vueltecilla por Móstoles.

Para el que no lo sepa, los moteros novatos no podemos conducir motos demasiado potentes durante los dos primeros años de carné. Concretamente no podemos coger motos de más de 250 centímetros cúbicos ni de más de 27 caballos. Cuando alguien compra una moto que supera estos números, tiene que limitarla mecánicamente y llevarla así hasta que cumpla con la antigüedad.

Pues bien, mientras bajábamos Victor me comentó que “todavía no la había limitado”. Con lo cual, estamos hablando de un chisme de 650 centímetros cúbicos reales y 72 caballos de potencia en total, con 170 kilos de peso y un régimen de aceleración tal que hace que la moto pueda ponerse a 100 en segunda.

Ante estos datos, podría haber mostrado un poco de respeto, pero el motero macarra que hay en mi es un animal indómito, lleno de instintos, garra, un aguerrido aventurero que apaga su sed de asfalto a base de octanos y apuradas de vértigo… o eso creía yo.

Hay que tener cuidado con las reducciones -me dijo Victor-, esta moto se clava mucho al bajar de marcha. Yo asentía con la cabeza mientras pensaba -el novatillo este me va a dar a mi lecciones, a mi que soy el motero del GSyC, el terror del asfalto, el Caballero de Olmedo sobre ruedas, el Halcón Callejero, el Starsky de las rectas y el Hutch de las frenadas… amos hombre…

Lo primero que hice según me subí fue calarla.

Después de eso, tuve que hacer contorsionismo para colocar todos los pies y todas las manos donde deberían ir. Tras encajarme en ese chisme, sentí como si hubiera vuelto a nacer y no porque hubiera encontrado la moto de mis sueños, sino porque estaba en posición fetal de nuevo. La forma del manillar, el asiento y las estriberas de esa moto te obligan a adoptar la posición “a pincho” desde el mismo momento en que te subes. Yo, como vengo del pachorrismo del custom y mi moto no tiene sillín ni asiento, que tiene sofá, pues no le veía la gracia, pero ahora entiendo el porqué.

Victor cogió la mía y salió del parking despacito delante de mi. Para los que no lo conozcan, la salida del parking de nuestro departamental da a una recta de unos 300 metros tras la cual hay una curva a izquierdas y luego la puerta de la verja y una rotonda, ya fuera del recinto de la escuela.

En cuanto me vi en esa recta, detrás de Victor, pensé -voy retocerle la oreja a la burra y a darle una lijada del 15 al Victor, a ver si es verdad que este chisme corre tanto. Fue pensarlo y darle un golpe de puño al tema este… y en ese preciso instante se me pasaron una serie de cosas por la cabeza. Lo que viene a ser, por orden cronológico:

  • Que era demasiado joven para morir.
  • Que los de Suzuki se equivocaron con el nombre de la moto. En lugar de siglas estúpidas, SV-pollas, se tenía que haber llamado Cohete Infernal.
  • Que ahora entendía porqué Victor había atado la moto a la farola, se ve que si no lo hace, se escapa.
  • Que según veía por el retrovisor, Victor se iba haciendo cada vez más pequeñito. Llegué a pensar que se había parado, aunque solo me lo parecía.
  • Que la recta no era tan larga.
  • Que la curva no estaba tan lejos.
  • Que Victor no sólo tenía razón con lo de que era complicado reducir, sino que además, si eres lo suficientemente tonto, al intentarlo puedes hacer culear a esa bicha como una perra viendo cómo se acerca más y más la cuenta.

Conseguí controlar la situación y terminar la curva, para pararme en la puerta de la escuela en frente de una rotonda a esperar a Victor. Cuando este llegó a mi altura, le dije algo así como -Victor tio, mola un montón tu moto, pero es un poco tarde y no creas que me apetece dar una vuelta muy larga. Voy a llegar a la siguiente rotonda y volvemos al parking ¿te parece?-.

Para ser sincero lo que tenía que haber dicho es algo como -¡Victor! ¡Viiiiiiictor! Este chisme está poseído, me he cagado encima y tengo las pelotas como dos Ferrero Rocher. Voy a dar la vuelta y a volver al parking de donde nunca debí salir montado en este caballo pálido de la muerte, cual jinete del apocalipsis ¿te parece?- Pero vamos… que es que a veces piensas en decir una cosa y te sale otra un poco diferente.

Desde entonces, ya nada es igual. Mi moto me mira raro y yo ya no soy el mismo. No es que no disfrute con ella, pero algo ha cambiado y ella lo sabe. He estado con otra, más excitante, más atrevida, más… no sé.

Puede que lo nuestro dure un año más, pero nunca se sabe. Dentro de 11 meses se acaba mi limitación…

Humor Varios Viajes

El mundo es un pañuelo

Ayer volví de mis vacaciones. Muuuuuuy buenas vacaciones. Unos días en Londres y unos días en Polonia (mayormente Cracovia). Tengo mucho que contar y unas cuantas fotos que colgar, pero antes quiero contaros algo que me pasó nada más llegar a Leeds.

Venía yo un poco cansado de tanto viaje y tanto tren y tanta leche cuando por fín llegué a la estación en Leeds. Me gustan los trenes, pero no estaba disfrutando del viaje esta vez. El libro que tenía para leer me está costando especialmente. Ya sabéis que no leo mucho y es solo desde hace poco que me estoy empezando a aficionar. Antes era de esas personas que no pueden leer un libro hasta que han acabado el que tienen a medias, pero ahora sencillamente tengo más libros empezados que nunca. Cambiar de uno a otro es como cambiar de canal viendo la tele. Pero el que tenía en el tren (para retomar mi historia) es especialmente espeso. Es El miedo a la Libertad de Erich Fromm y lo estoy leyendo gracias a Ixra que me lo prestó cuando estuve en su casa en Milton Keynes.

Le dije- oye Ixra, no tendrás tu por ahí algún libro chulo para dejarme, que estoy a punto de terminarme 1984.
A lo que el personaje contesta- claro hombre, mira te voy a dejar un libro estupendo de uno de los discípulos de Freud que habla sobre cómo el hombre elude inconscientemente su propia libertad, y tal.

Pensé que pintaba bien. Pero parece que Ixra no escuchó lo de chulo. Lo que en realidad había que entender de sus palabras es más o menos esto: ¿Qué si tengo algún libro para que te lleves para siempre y no lo vuelva a ver más? Pues claro que si hombre!!. Como si no tuviera suficiente con que vengas aquí a gorronearme, encima me quieres choricear un libro ¿no?, pues sí que lo tengo. Uno cojonundo. Te vas a cagar!! Te voy a largar el ladrillo más denso, largo e incomprensible que jamás halla llegado a mis manos.

Y así lo hizo. En el último momento tuvo piedad y me confesó que no había sido capaz de terminarlo. Aun así, lo cogí. Pensé- bueno, un libro gratis…

Tengo pensado terminarlo (por mis cojones) pero nada más empezarlo me di cuenta de que a pesar de ser muy interesante, resulta una lectura… mmm… pesada. Vamos, que es cogerlo y automaticamente te invade un sopor del 15. No es para menos, cogiendo un fragmento al azar, puede leerse algo como esto:

“También desde el punto de vista filogenético la historia del hombre puede caracterizarse como un proceso de creciente individuación y libertad. El hombre emerge del estado prehumano al dar los primeros pasos que deberán liberarlo de los instintos coercitivos.”

Que no digo yo que no sea cierto, pero vamos, que al amigo Erich Fromm lo que le hace falta es que alguien le regale una Play Station o algo. Porque esto no es sano.

Bueno, a lo que iba. Que mientras leía esta obra maestra, me estaba dando el sol (si amigos, el sol sale de vez en cuando en Inglaterra) por la ventana del tren y ese silencio que hay en los trenes ingleses donde la gente actua como si el resto de viajeros no existieran y es imposible empezar una conversación con la persona que tienes al lado. El resultado era que empezaba a dar ligeras cabezadas. Tampoco mucho, porque cada vez que empezaba a quedarme frito una preciosa niña rubia de un añito más o menos pegaba un inmenso chillido capaz de sobresaltar al mismísimo Satanás. Al minuto, vuelves a empezar a quedarte sopa y de repente zas!! otro chillido. La niña llevaba un control del tempo quirúrgico. Era empezar a quedarse sopa y la jodía parecía que lo notaba y pegaba un grito como diciendo- oye tu!! no te estarás durmiendo leyendo El Miedo a la Libertad?!?! no serás tan zoquete!!

Total que cuando llegué a Leeds estaba zombi total. Me bajo del tren y empiezo a ver cosas raras. El centro de Leeds y la estación entre las 5 y las 7 de la tarde está lleno de gente saliendo de las oficinas y todo el mundo viste igual. Los chicos traje oscuro, camisa blanca y corbata. Las chicas pantalon negro y parte de arriba negra, cuando no un traje de chaqueta negro. El caso es que estaba yo deambulando medio sopa entre la multitud, veo las ya típicas cuatro ratas jugando al poker en una esquina, dos rollizos y rosados cerdos vestidos de traje y corbata… cuando de repente veo un chino enorme, de unos dos metros. Lo primero que me vino a la cabeza fue lo que le viene a todo el mundo cuando ve un chino de dos metros. Me dije- joder qué chino más alto!!

Un instante después me empezó a resultar familiar. Esta estancia está aportándome mucho en lo personal y estoy aprendiendo a abrirme a cosas nuevas y a conocerme mejor y bla, bla, bla… Pero que a tomar por culo de tu casa te cruces con un chino de dos metros y te de la sensación de conocerle puede significar sólo dos cosas: o bien estás borracho (que también puede ser) o bien lo conoces realmente. Le di un par de vueltas más y enseguida caí. Lo conocía!! Lo había conocido en Cambridge cuando fuimos a jugar con el equipo de la URJC!!.

¿Lo veis?. Si hombre si, al lado de Edu, el número trece de los nuestros. Ahí está el chino tocho!!

Me acerqué a él y le pregunté si estudiaba en Cambridge. Se extraño muchísimo, abría los ojos como platos (bueno, hacía lo que podía) y me estrechaba la mano aunque todavía no sabía quién era yo. Le refresqué la memoria y se puso muy contento. Enseguida me hizo una de las preguntas más fáciles de responder que me han hecho nunca. Me dijo- ¿Tío (mate) cómo me has reconocido?. A lo que yo contesté- Eres chino y mides dos metros y punto pelota (point ball).

Diez minutos más tarde me estaba invitando a una pinta y presentándome gente. Resulta que está de prácticas en Leeds y se aloja en la misma residencia que yo.

El otro tipo de la foto no es Robert Jhonson, se llama Mo. Esa misma tarde fuimos los tres a jugar al baloncesto a lo más profundo del ghetto de Leeds, con un montón de negros raperos en unas canchas perdidas en un parque con rap a todo trapo y mucho buen rollo (tengo que contar lo del baloncesto aquí en Inglaterra en algún otro post, porque tiene tela).

Resulta que este año él es el capitán del equipo de Cambridge y ya estamos planeando un viaje para que ellos vengan esta vez a jugar contra nosotros y tal vez alguna otra universidad y que visiten Madrid y esas cosas. Qué cosas.

Humor Varios

Ratas!

Ayer tuve que bajar la basura por segunda vez desde que estoy viviendo en The Tannery. No me tocaba a mi, pero Emily, mi compañera de piso sueca, no estaba muy segura de querer hacerlo ella. El porqué os lo explico en un volao.

La residencia no está mal del todo. Parece bastante nueva, los electrodomésticos están en buen estado y las habitaciones están bien. Cada inquilino tiene su propio cuarto de baño, pequeño e incómodo pero tuyo propio al menos. Además, tengo internet de gorra y desde hace un par de semanas funciona la televisión por satélite que hay en un salón común y puedo ver el canal internacional de televisión española. Aunque lo de la tele es lo de menos. Ya veía poco la tele en España, pero desde que estoy aquí, habré visto tres horas de televisión en total (contando que dos fueron en casa de Ixra en Milton Keynes).

Como habréis podido imaginar, la cocina es compartida. Y una cosa que pasa en las cocinas compartidas es que el cubo de basura se llena a una velocidad mayor de lo normal. De hecho la velocidad crece de manera directamente proporcional con el número de inquilinos.

Un día hará unas tres semanas decidí que ya había que bajarla, así que me enteré de donde había que llevarla y para allá que fui. Debajo de los cuatro bloques de pisos, hay como una especie de sótano/garage/patio donde tienen unos 20 contenedores de basuras puestos asín… todos en fila. A unos metros, están aparcados los pocos coches que hay en verano en el edificio. Para acceder a este sitio, cruzas el patio interior y bajas por unas escaleras metálicas. Según estaba bajando, sentí que algo se movía por todas partes. No alcanzaba a ver nada todavía, así que no le di importancia. Continué avanzando escaleras abajo mientras mi campo de visión se iba haciendo más y más grande y podía ver cada vez más espacio del sótano. Cuando había bajado el último peldaño, ya no me quedaba ninguna duda. Estaban ahí!! delante de mis narices!! Grises y enormes!!

Calculo que me dio tiempo a ver unas 15 ratas moviéndose por todo el garage, que no es mucho más grande que una cancha de baloncesto. Las había que corrían huyendo de mi recorriendo toda la explanada en un segundo, a una velocidad asombrosa. Las había que no se movían demasiado y se quedaban mirando, como esperando un poco a ver qué hacía yo en lugar de huir. Otras dos, estaban literalmente trepando por una rejilla metálica haciendo un asquerosísimo ruido de garras contra metal y por último cuatro de ellas me miraban desafiantes desde una diminuta mesa, sentadas en cuatro sillas e iluminadas por un flexo mientras jugaban al poker y fumaban, en una esquina del habitáculo.

Me quedé petrificado. Siempre había pensado que no tenía miedo a las ratas, pero ahora entiendo que lo pensaba porque nunca había visto algo así. Hacía nada que había terminado de leer 1984 y en ese libro, el protagonista siente odio y pánico por las ratas. En uno de los últimos pasajes del libro, se describe muy detalladamente cómo utilizan ratas para torturarle del modo más cruel. En otras partes de la obra, se describe como algunos niños de los barrios más pobres de la ciudad en la que transcurre la historia son devorados por las ratas en plena calle y justo esos pasajes me vinieron a la cabeza en ese preciso instante.

Lo peor estaba por llegar. Durante tres o cuatro segundos no me moví. Me miré a los pies y me di cuenta de que había bajado en chancletas de piscina. En ese instante imagine que si una sola de esas mierdas con patas me rozaba un pie, me moriría allí mismo y ya no sufriría mientras me devoraban.

Retomé las riendas de la situación. Los contenedores estaban a unos 4 metros de mi. Las ratas habían huido. Ya sólo podía ver a las que estaban más lejos. Así que me decidí a caminar hacia los contenedores, encontrando para mi regozijo que el más cercano a mi tenía la tapa levantada. Me acerque lo suficiente para asegurarme de no fallar y encesté la bolsa de basura en él desde un par de metros de distancia. Pensé que esto sería una buena idea, porque me ahorraba tener que caminar hasta el grupo de contenedores que sin duda sería donde más ratas había. Pero no fue tan buena idea.

Según cayó la bolsa en el fondo del contendor, tres cachazo de ratas = mierdas con patas, salieron corriendo descontroladas desde debajo del mismo, espantadas por el golpe. Una iba tan descontrolada, que casi cruza por debajo de mis piernas. Afortunadamente en el último momento se desvió y continuó corriendo descontrolada hacia otra parte. No puedo señalar con exactitud hacia donde, porque yo ya estaba corriendo y saltando despavorido en pos de las escaleras, con un repelussss que te cagas!. Salté los peldaños de tres en tres… y por fín quedé a salvo un piso más arriba en el patio interior.

Por eso cuando anoche Emily se disponía a bajar la basura, se le podía notar cierto nerviosismo. James, otro compañero de piso, enseguida le advirtió de que había ratas. Ella ya lo sabía, y confesó que por eso estaba nerviosa. Me ofrecí a bajar la basura en su lugar y aunque al principio me dijo que no, dos minutos más tarde todavía no se había decido y finalmente vino a pedirme que la acompañara. Le dije que no hacía falta, que ya lo hacía yo y así lo hice momentos después. La operación fue similar a la vez anterior, pero esta vez iba calzado y no permanecí en el sótano más de tres segundos. Fue bajar, tirar la bolsa y echar a correr mientras veía ratas moverse por el rabillo del ojo.

Ya puedo declarar oficialmente que tengo miedo a las ratas!!