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Motos Varios

Adiós Victoria, Hola Rafaela

Amigos, hoy hace 810 kilómetros desde que una nueva compañera ha llegado a mi vida.

Lo habéis adivinado, he cambiado de moto 🙂

Mi antigua moto, Victoria, era una Kimco Venox. Una custom coreana muy popular. No entendía absolutamente nada de motos cuando la compré, y tampoco es que ahora entienda mucho más. Pero si lo suficiente para enteder, echando la vista atrás, que tan solo esa frase custom coreana ya vale para darse cuenta de que algo no va bien… es como decir, ¿Te vienes a un concierto de blues italiano?.

¿Porqué la compré entonces?

Pues, era barata, era bonita y era fácil de llevar. En realidad, sigo creyendo que es una buena moto para empezar. Además, era una moto de 250 cc. y 26 caballos de potencia. Lo que hacía que fuera legal montarla sin limitación alguna durante los dos primeros años de carné de moto. Además, ¿he dicho ya que no tenía ni puta idea de motos?

No me entendáis mal. Durante dos años (y no demasiados kilómetros por diferentes motivos), Victoria me dio muchas alegrías. Aprendí lo básico de montar en moto, aprendí algo (muy poco) de mecánica, aprendí que los moteros de verdad no saludamos a los de los escuterses, averigüé que un tubo de escape rabioso puede marcarte de por vida y que los mecánicos de motos son tan liantes como los de coche.

Pero poco a poco empecé a verle pegas a Victoria. Básicamente, pesaba mucho y por eso no frenaba del todo bien. Tenía poca potencia (y pesaba mucho) y por eso no tenía demasiada aceleración. Tampoco tenía una velocidad punta respetable (unos 140 cuesta abajo y con el viento a favor) entre otras cosas porque era un poco culogordo (la moto, yo también, pero la moto más).

No se si lo he dicho, pero Victoria pesaba mucho. Era un puto hierro coreano de 200 kilos llena de cromados y grande y aparatosa, con más eslora que el Bribón y no andaba na… eso si, sonaba a gloria.

Si a todo esto le unimos que empecé a probar motos de amigos que me gustaban más, la cosa empezaba a ser bastante predecible.

Iba a cambiar de moto.

Lo primero era deshacerme de Victoria. La había cuidado bien y es una moto que no se devalúa demasiado al venderla de segunda mano. Así que no me costó mucho encontrar comprador. Fue fácil y en Enero ya la había vendido. (Más tarde supe, que después de hacerle solo 1000 kilómetros más, su nuevo dueño le había roto una biela). Lo que le ha supuesto una reparación con factura profesional y un cabreo conmigo también profesional. El asunto se solucionó sin sangre porque el chico era un auténtico caballero y porque yo fui honesto y tenía la conciencia tranquila. Todas las revisiones estaban en regla, yo había cuidado bien la moto y no tenía problemas aparentes. Fue sencillamente, mala suerte.

¿Porqué se rompió entonces? Pues porque es un puto hierro coreano barato y en realidad no se la recomiendo a nadie ahora, a toro pasado. Aunque siempre sospeché que era una mierda… Una mierda a la que tenía cariño, pero una mierda. (No es la única cosa que no me conviene a la que le cojo cariño, pero eso es otra historia.)

Bien. El caso es que me encontraba comenzando el 2007 sin moto y pasando ganas a cualquier cosa de dos ruedas que me cruzara por la calle. El problema, era que al probar las motos de mis amigos, me había dado cuenta de que… me daban miedo. Así de sencillo. Había probado una Suzuki SV y una Kawasaki ER5. Motos de media cilindrada con prestaciones suficientes para acojonar a un pobre novato como yo.

Aún así, seguía mirando motos y en algún momento u otro, pensé en cada una de estas candidatas:

No tenía muy claro que hacer… y entonces llegó ella.

Kawasaki empezó a vender su nuevo modelo Versys 2007. Una nueva moto en la linea de las trail asfálticas, muy de moda últimamente. Con una ligera inspiración en las motos de campo, pero adaptada enteramente a la carretera. Estética peculiar y muy buenas prestaciones para un uso diverso. Una moto alta para mi que soy grandote y muy lógica. Me enteré de que podías pedir hora para probarla y allí que me fui.

Me la prestaron media hora y tardé una hora en devolverla al concesionario (en parte porque me perdí al volver, pero también porque me había gustado mucho ;-). Solo había un problema.

Había pasado miedo conduciéndola por las calles de Madrid.

Recordaba una señora temblando con los ojos fuera de las órbitas en mitad de un paso de cebra cerca de la calle Francisco Silvela y una marca de frenazo de unos dos metros tras de mi. Yo permanecía inmóvil. Respirando entrecortadamente y con las manos aferradas a los frenos y los mandos. Me recompuse… y le dije… Ejem… Estooooo… pase usted señora. Se desmayó.

Recordaba un autobús delante mío en Cuatro Caminos. Pensé, si es cierto lo que dicen, con esta bicha debería poder adelantar a este autobús con cierta facilidad. Retorcí el acelerador. El espacio-tiempo dejó de existir como tal y el universo se plegó. Todo se veía distorsionado a mi alrededor y el autobús se perdió tras de mi, mientras yo me adentraba en un salto en el hiperespacio. Perdí el conocimiento por un instante. Me desperté en Moncloa.

Durante semanas estuve pensando en si comprarla o no.

Entonces empecé a pensar en lo fácil que era sortear el tráfico con ese punto de aceleración. En esos espejos que pasan por encima de los retrovisores de los coches, permitiéndote serpentear con agilidad. Ese manillar alto y ancho que facilita la maniobrabilidad. Ese asiento alto que no me hacía parecer una mierda pinchada en un palo. La postura de conducción con las piernas flexionadas, listo para reaccionar, pero el torso erguido y la cabeza por encima del tráfico para una buena visibilidad. La pantalla que protege del viento en carretera. Ese tubo de escape recortado y escondido para que nadie se vuelva a quemar nunca más.

Ese sonido a bestia parda bicilíndrica, a libertad y a aventuras…

Ejem… bueno, estoooo… que me gustó y que me la he comprado, ¿vale?

Kawa Versys negra. 650 cc. 64 cv.

Ligereza, manejabilidad, versatilidad, estética… muy práctica. Válida para todo tipo de usos.

¿Qué es lo que más me gusta de ella? Pues que voy más seguro y que es muy divertida.

Teo, Teo!! ¿Cómo puedes ir más seguro en una moto que alcanza los 210 kilómetros por hora? Pues primero porque tengo cabeza (o intento tenerla). Segundo porque pesa poco (180 Kg.) para lo buenos que son los frenos. Tercero, porque da lo máximo del motor a medias revoluciones. Esto se traduce a que obtienes las máximas aceleraciones entre los 50 y los 120 km/h, lo que te permite escapar de situaciones comprometidas en el tráfico con facilidad. Siempre te puede pasar algo. No deja de ser una moto. Pero deseadme suerte, porque la voy a utilizar todo lo que pueda y con todo el sentido común que requiere (intentaré).

Se llama Rafaela.

Abrazaco.